venezolana en EE. UU. recuerda cómo vivió el 11-Sep

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La mañana del 11 de septiembre de 2001 tuvo un giro inesperado para la venezolana Alexandra Contasti y su novio. Ambos viajaban desde el aeropuerto de Miami con destino a Nueva Orleans, cuando de pronto la ruta cambió. A los pocos minutos del despegue el capitán de la aeronave anunciaba que debían volver a tierra. Los pasajeros no entendían la razón. No hubo explicaciones, solo se les dijo que harían una escala imprevista en el aeropuerto de Tampa, Florida.

Alexandra había dormido en el aeropuerto de Miami, donde llegó la noche anterior desde Venezuela. A las 8:00 am de aquel 11 de septiembre ya estaban embarcados en el avión que los llevaría a Nueva Orleans. Cuando la ruta del vuelo se modificó ellos no sospecharon qué pasaba, ni lo que vivirían minutos después.

«De verdad que todo en el aire estaba bien calmado. Había uno que otro murmurando, pero realmente como nosotros estábamos emocionados, (mi novio, que es mi esposo hoy en día, y yo) estábamos realmente emocionados de que veníamos para EE. UU. entonces no le dimos mayor importancia a lo que ocurría», contó vía telefónica a El Pitazo.

Tras aterrizar, el escenario en tierra era contrario a la tranquilidad que disfrutaron minutos antes. La gente gritaba y corría desesperada, mientras la pareja de venezolanos no entendía lo que pasaba. Un ciudadano norteamericano fue quien les dio las primeras señales.

La pareja de venezolanos quedó varada en el aeropuerto de Tampa, Florida

«Veíamos a la gente correr, pero en nuestra ignorancia nosotros nos quedamos en la puerta donde nos desembarcaron. El señor muy amablemente me dijo: ¿Entiendes lo que está pasando, verdad? Y nos exhortó a caminar hasta el counter de la aerolínea. Al llegar allí recibieron una respuesta que los paralizó: ‘No podemos hacer nada, estamos a la buena de Dios’», mientras otra voz informaba: «Estados Unidos entró en guerra».

Aquellas palabras los dejaron petrificados. Alexandra entró en pánico. Su esposo no tenía expresión en el rostro y los nervios comenzaron a descontrolarlos. «Recuerdo que una señora cubana se me acercó, me dio una pastilla para los nervios y nos sacó del counter, junto a ella comenzamos a caminar rápido por las instalaciones buscando salida».

En medio del alboroto de los pasajeros, que corrían por las distintas puertas de embarque, una imagen detuvo la caminata. Las pantallas de los televisores en el aeropuerto de Tampa reflejaban lo inimaginable. Todo se detuvo por instantes cuando, a las 9:02 am, vieron como un avión atravesaba la torre sur del World Trade Center.

«Vimos como se estrellaba la segunda nave contra la segunda torre, me dan ganas de llorar de solo recordar. En ese momento fue que nos dimos cuenta qué era lo que estaba pasando porque obviamente reconocimos las torres y vimos como el avión se estrelló. La gente comenzó a gritar más fuerte, a correr a mayor velocidad. Fue una locura. Entendimos que ya se había estrellado el primer avión cuando forzaron el aterrizaje en Tampa, por eso era que la gente gritaba, lloraba, hacían colas en los teléfonos. Era un caos total, aquello parecía una película. Ahora que lo pienso con calma es que uno se da cuenta que fuimos bendecidos, porque estábamos volando prácticamente a la misma hora que ocurrió el primer ataque, estábamos volando cuando decidieron estrellar el primer avión», recapituló.

Lo que vivieron Alexandra y su novio fue solo un episodio de lo que Estados Unidos experimentó aquella fatídica mañana cuando un ataque terrorista acabó con las torres gemelas y junto a ellos con la vida de 3.000 personas.

¿Qué vino después?

Ocho días debieron permanecer en Tampa. La cubana que los rescató del counter se convirtió en un ángel para ellos. Los alojó en su casa durante el tiempo que estuvieron varados; les dio alimento y bebida, sin cobrarles un centavo. «De verdad que Dios nos mandó un ángel de luz. Esta señora nos recibió en su casa y nos hizo sentir como en familia durante esos ocho días», explicó.

Cuando todo se calmó comenzaron a entender lo que realmente vivieron. «Mientras estás en el centro de todo no logras tener información clara, más sabía la gente que pudo informarse por televisión que nosotros. Cuando estábamos en el aeropuerto de Tampa todo era confusión y desesperación«, dijo.

Una semana después la pareja retomó su viaje. Pese a lo ocurrido todavía las medidas de seguridad en los aeropuertos no habían sido reforzadas. «Yo me imagino que luego que descubrieron que fue un atentado terrorista fue cuando comenzaron a poner restricciones en la seguridad, pero al momento no. Fue como un año, año y medio después que se pusieron estrictos».

Han transcurrido 20 años de ese día; la pareja de venezolanos tiene los recuerdos intactos. Agradecen el estar con vida, porque saben que otros no corrieron con la misma suerte. De los vuelos comerciales que despegaron ese mañana cuatro fueron secuestrados por los terroristas de Al-Qaeda. Dos impactaron las icónicas Torres gemelas en Nueva York, otro se estrelló contra la fachada oeste del Pentágono y un cuarto avión se estrelló en Pensilvania tras fallar su objetivo principal que era el Capitolio en Washington.

Ese día se apagó la vida de unas tres mil personas y nació uno de los recuerdos más amargos de la historia reciente de Estados Unidos, país que aún llora por quienes se vieron forzados a partir en los vuelos equivocados.

En la actualidad se le llama Ground Zero o la Zona Cero al lugar donde estaban ubicadas las Torres Gemelas de Nueva York

Vanessa LeonettInternacional

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