No son los medios los que incitan a la violencia, es usted, señor Presidente


Los periodistas no somos ajenos a correos que destilan odio.

Con el paso de los años, se aprende a reconocer los signos reveladores: faltas de ortografía. No hay dirección del remitente o aparece una dirección falsa. La escritura o la mecanografía son erráticas y traicionan los pensamientos frenéticos del remitente.

Las diatribas a menudo ofrecen un vistazo a la mente del resentido. Cuando se abre algo que ha pasado inspección —un estándar en las salas de redacción por estos días— el contenido confirma lo que tienen en común los correos, los correos electrónicos y las redes sociales provocadoras: hacen eco al mensaje, al estilo y al contenido combativo del presidente.

Estas personas enfurecidas no quieren presentar un punto de vista con elocuencia. Quieren lastimarte.

Quieren degradarte. Quieren asustarte. No pueden pasar el día sin agredirte.

Y ahora tenemos a Cesar Sayoc, un fanático enfurecido del presidente, que difundió el terror por todo el país al enviar bombas por correo a destacados demócratas, entre ellos, al ex presidente Barack Obama y a la ex secretaria de Estado Hillary Clinton, así como a CNN. En un extraño giro que, por fortuna, ha traído las mejores mentes del FBI al sur de la Florida, algunas de las bombas enviadas por correo tenían como remitente una oficina en el distrito de Sunrise de la congresista Debbie Wasserman Schultz, quien también es objetivo de los ataques.

Todos aquellos que han sido objeto de los ataques con bombas son críticos del presidente Donald Trump y destinatarios de su ira. El presidente ha utilizado una retórica incendiaria contra ellos, a menudo reiterando su mensaje una y otra vez.

“¡Enciérrenla!”; todavía agrede a Clinton cada vez que puede, ignorando que solo las dictaduras encarcelan a los opositores políticos, y pasando por alto lo obvio: que solo sus asociados son quienes se han declarado culpables y han parado en la cárcel.

Una y otra vez, ha sido el presidente quien ha moldeado el comportamiento que ha hecho de este acto de terrorismo doméstico un curso de acción válido en la mente de este y otros lunáticos.

Lo más razonable sería pensar que con otros paquetes de correo con bombas encontrados el jueves, uno en Manhattan dirigido a Robert De Niro, cuyo discurso en los Golden Globe Awards se redujo a “F— Trump”, y otros en Delaware destinados al ex vicepresidente Joe Biden, un crítico respetuoso, el presidente podría atenuar su discurso de odio.

Pero fomentar la paz es lo último que tiene en mente.

“Gran parte de la ira que vemos hoy en nuestra sociedad es causada por los reportajes deliberadamente falsos e inexactos de los principales medios de comunicación a los que me refiero como noticias falsas”, escribió en un tweet. “Esto se ha vuelto tan malo y tan odioso que desafía toda descripción. ¡Los medios de comunicación principales deben corregirse, RÁPIDAMENTE!”.

No es cierto.

No, señor, usted tiene la culpa.

Es usted quien debe corregir el espantoso desastre que ha desatado en este país. Deje de desviar la culpa y mírese en el espejo. Desde que lanzó su candidatura presidencial, la fibra emocional de nuestra nación ha sido atacada por usted, ha sido destrozada y desbaratada por usted y su falso orgullo nacionalista. Sí, es falso porque sus negocios e inversiones cuentan una realidad muy diferente: Trump y sus negocios internacionales primero.

El tema de hoy no son los medios de comunicación o incluso los demócratas que podrían haberse sobrepasado siguiendo su ejemplo retórico. No hay paralelo con su persona.

El elefante en el discurso nacional es que nuestro presidente es un peleón de esquina indigno de su cargo, y sus partidarios intransigentes actúan de la misma manera. Lo incitan y, como vemos con más frecuencia, obran según sus sentimientos con impulsos violentos.

“Hay una total y completa falta de comprensión en la Casa Blanca sobre la gravedad de sus continuos ataques a los medios de comunicación. El presidente, y especialmente la secretaria de prensa de la Casa Blanca, deben entender que sus palabras son trascendentales. Hasta ahora no han mostrado entenderlo”, dijo Jeff Zucker, presidente de CNN Worldwide.

Nada, ni siquiera obtener el puesto más alto del país, ha impedido que el presidente Trump lance insultos, mentiras y epítetos para avivar los temores en su base electoral, para hacer que odien a los opositores políticos y culpen a la inmigración por los problemas de la nación.

La presidencia no ha hecho más que envalentonar a Trump. Su comportamiento es inconcebible, y aunque uno cuestiona su estado mental, él sabe claramente lo que está haciendo cuando respalda y hace campaña a favor de un congresista de Montana convicto de agredir físicamente a un periodista.

Ni siquiera se cree a sí mismo en su tibia exhortación a la “unidad nacional” a raíz de las bombas. O no habría enviado ese tuit el jueves en medio de la crisis. Sus tuits hablan más fuertemente que los guiones que su personal le pone al frente para que diga lo correcto.

El discurso del odio es el lenguaje de los asuntos de la nación para este presidente.

No, Señor Presidente, ni usted ni su gente nos asustarán para con ello lograr la abdicación del deber, el silencio y la complicidad.

Cuando usted se deleita llamando a los medios de comunicación “el enemigo del pueblo” y las verdades que reportamos “noticias falsas”, hacemos con sus palabras lo que hacemos con los sobres sospechosos. Los metemos donde pertenecen: en el montón de basura.

Los periodistas estadounidenses arriesgan sus vidas cubriendo guerras y disturbios en todo el mundo.

Tenga la seguridad de que nosotros no seremos silenciados en casa; no por usted, y ciertamente no por una bomba barata enviada por un cobarde.



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