Muere Seymour Cassel, frecuente colaborador de Cassavetes


Con una espesa cabellera blanca, una voz distintiva y una frente con arrugas de preocupación desde la juventud, siempre causaba buena impresión sin importar cuán grande o pequeño el papel _ fuera compartiendo créditos estelares con Gena Rowlands como parte de una pareja volátil en “Minnie and Moskowitz” (“Así habla el amor”) o posando como médico de cáncer para Gene Hackman en “The Royal Tenenbaums” (“Los excéntricos Tenenbaums”). Incluso dejó un legado fuera de su propia industria, como el hombre que acuñó el apodo de Slash para el eventual guitarrista de Guns N’ Roses Saul Hudson (amigo de infancia del hijo de Cassel).

Nacido en Detroit, Cassel viajó frecuentemente de niño junto a su madre, una bailarina de cabaret. A su padre nunca lo conoció.

“Comencé a actuar cuando tenía 3 años; salía en un trajecito a cuadros y le bajaba los pantalones al payaso. ¡Me encantaba hacer eso!”, dijo al diario Los Angeles Times en 1992. “Yo era un pequeño bromista y un niño muy abierto, probablemente porque estaba rodeado de adultos todo el tiempo”.

Después fue un adolescente enojado y rebelde que comenzó a beber a los 13 años. Su madre lo mandó a vivir con su abuela en Detroit, donde permaneció hasta que se enroló en la armada a los 17 años.

Con el tiempo llegó a Nueva York en la década de 1950 con la idea de ser actor, y comenzó una carrera de seis décadas en las que apareció en más de un centenar de películas. Fue ahí donde conoció a Cassavetes, quien le “salvó” la vida, e hizo su debut cinematográfico en su película “Shadows” (“Sombras”) de 1958, que también coprodujo, casi por accidente.

Fue el comienzo de una amistad para toda la vida. En 1959, siguió a Cassavetes y Rowlands a Los Ángeles, donde vivió en su casa de huéspedes.

Y trabajó a menudo con Cassavetes, con papeles en “Faces” (“Rostros”), que le mereció una nominación al Oscar al mejor actor de reparto en 1969; “The Killing of a Chinese Bookie” (“El asesinato de un corredor de apuestas chino”), “Opening Night” (“Noche de estreno”) y “Love Streams” (“La fuerza del amor”).

Sus colaboraciones con Cassavetes lo pusieron en el radar de muchos y le dio la oportunidad de trabajar con grandes directores como Sam Peckinpah en “Convoy”, Elia Kazan en “The Last Tycoon” (“El último magnate”) y Nicolas Roeg en “Track 29” (“Ruta 29”) y “Cold Heaven”.

Su camino en Hollywood no fue tan dócil, principalmente como resultado de un estilo de vida de juerga con figuras como los Beatles y los Rolling Stones que le pasó factura a su salud, su matrimonio y su vida familiar. Incluso pasó un tiempo en la cárcel en 1982, y estuvo en rehabilitación a mediados de los 80.

Pero Cassel se recuperó y trabajó con frecuencia en los 90, en películas como “Dick Tracy”, ”White Fang” (“Colmillo blanco”), ”In the Soup” (“Hay una película en mi sopa”), ”Indecent Proposal” (“Propuesta indecente”), ”Honeymoon in Vegas” (“Luna de miel para tres”) e “It Could Happen to You” (“La lotería del amor”).

Y entonces, en 1998 una nueva generación lo conocería como resultado de los inicios de una fructífera colaboración con Anderson, como Bert Fischer en “Rushmore” (“Tres son multitud”). Trabajó con él dos veces más, interpretando al condenado Esteban en “The Life Aquatic with Steve Zissou” (“La vida acuática con Steve Zissou”) y al operador de elevador Dusty en “The Royal Tenenbaums”.

Sospechaba que Anderson lo seleccionó porque le gustaba su rostro.

Anderson dijo en un homenaje en 2009 que Cassel era uno de sus actores favoritos y que lo conoció, primero, como un fan.

“Es un sueño convertirse en actor”, dijo Cassel al L.A. Times en el 2009. “Pero es tu sueño. No te rindas”.

Cassel deja tres hijos, siete nietos y tres bisnietos. La familia pide al público que considere hacer un donativo a la Alzheimer’s Foundation of America en lugar de enviar flores.

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El reportero de AP Hillel Italie contribuyó a este despacho.



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