Miami se queda con la victoria ante los Yankees


Miguel Rojas no iba a desperdiciar la oportunidad. Ya los Marlins habían perdido unas cuantas excelentes el martes, pero en el segundo juego contra los Yankees el venezolano se encargó de capitalizar cuando se hacía tarde.

El décimo cuadrangular en esta temporada de Rojas en la sexta entrada sirvió para voltear una pizarra y catapultar a Miami a un triunfo 9-3 que le devolvió el golpe a los de Nueva York delante de otra gruesa asistencia de 25,745 aficionados.

¿De dónde ha sacado poder Rojas que en sus cuatro temporadas previas había pegado cuatro vuelacercas, a uno por contienda?

“Se debe a la experiencia, a estar jugando más tiempo”, respondió Rojas, que al final del encuentro colgaba en su cuello la cadena José Fernández que se concede al Jugador Más Valioso del partido. “Lo importante no son los números sino que llegó en un momento en que tenía a mi familia aquí en el parque y sirvió para ganarles a los Yankees”.

La conexión del sudamericano fue el punto más alto de un capítulo de cinco anotaciones que borró la potencial derrota del récord de Trevor Richards, quien lanzó muy bien en 5.1 capítulos de dos carreras y tres imparables.

El derecho, que hace apenas unos meses estaba lanzando en Liga Independiente, se comportó a gran altura ante el reto de Lance Lynn, uno de los refuerzos adquiridos por Nueva York el 31 de julio.

Miami cayó encima de Nueva York con una fuerza renovada y tremenda, como para salvar la cara y gritar que está vivo: 14 indiscutibles, incluidos dos cuadrangulares, no es cosa de poca monta.

La victoria fue para Jarlin García, cuyos dos únicos triunfos en la campaña han sido sobre los Bombarderos.

La pregunta que viene, entonces, es cómo afrontar este vacío que deja la partida de los Yankees. Durante dos noches La Pequeña Habana vivió un ambiente distinto que en realidad debe ser el normal para un club de Grandes Ligas.

Con su mera presencia, los Yankees trajeron glamour, expectativas, despertaron pasiones y colocaron miles de personas en los asientos, más de 50,000 en apenas dos encuentros, aunque la mayoría se inclinara de su lado. Eso es lo que menos importa.

Ahora llega Atlanta y regresará, desgraciadamente, la desidia y los 6,000 aficionados por partido, gente que sabe bien lo que paga por ver a un conjunto de Doble A camuflado en una organización de Mayores.

Algunos jóvenes no debieran estar aquí. Su madurez aún no ha alcanzado plenitud. Necesitan más pulimento en las sucursales antes de enfrentar el rigor de una pelota exigente y, en ocasiones, cruel. Otros son peloteros de reemplazo en posición de titular. Ni más ni menos.

Nueva York se marcha a la batalla de la postemporada con difíciles dudas sobre la salud de algunas de sus piezas más preciadas, pero al menos enrumba hacia un béisbol de relevancia en octubre.

Miami se queda literalmente en su casa con preguntas que serán respondidas a largo plazo, aunque sin el horizonte de los playoffs que por ahora parece una raya en lo infinito e inalcanzable.




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