¿Mensajes de extraterrestres? Ráfagas de radio rápidas, extrañas señales del espacio exterior


Muchas, por no decir infinitas, son las versiones de supuestos mensajes del espacio exterior que han sido detectados por  radiotelescopios en la tierra, pero ¿Qué tan cierta es esta información? ¿Qué posibilidad hay de recibir alguna señal emitida desde fuera de nuestro sistema solar y ser captada? y ¿Si pudiera detectarse estas emisiones mediante un moderno sistema para comprender, si alguien o algo allá afuera nos intenta dejar un mensaje a millones de años luz?; Hay que replanteárselo porque es posible.

Por Redacción MiamiDiario

Este es el caso de las Ráfagas de Radio Rápidas o las FRB  por sus siglas en inglés son, precisamente, lo que su nombre indica: ráfagas breves, muy breves -su duración es de unos milisegundos-, cuyas emisiones captan los radiotelescopios, tienen gran energía, proceden de fuera de la Vía Láctea y, por el momento, han planteado más preguntas que respuestas.

La primera ráfaga rápida de radio se detectó en 2001 y, quizás para hacer gala de su fama de escurridizas, pasó totalmente desapercibida, solo se supo de su existencia hasta 2007, mientras un equipo revisaba datos antiguos del radiotelescopio Parkes, en Nueva Gales del Sur (Australia).

Imagen referencial| Radiotelescopio

En los siguientes diez años, se ha detectado otras 60 ráfagas, “un número pequeño que hace realmente muy difícil descubrir de qué se trata”, sin olvidar que, por su naturaleza es imposible saber dónde o cuándo se producirá la siguiente.

Sin embargo la cosa se ha puesto interesante en años recientes, en 2016 se produjo un hecho clave en esta detección de señales estelares. El radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico), detectó una FRB, denominada 121102, la primera que se repetía. Esa circunstancia hacía más fácil su estudio pues hasta ese momento “los astrónomos disponían solo de una minúscula ventana para observarlas y estudiarlas” -señala Cherry Ng, Astrónomo de la Universidad de Toronto.

Imagen referencial

La ráfaga 121102 procede de un objeto extremadamente poderoso situado en una galaxia ubicada a unos 3.000 millones de años luz en una región muy densa y comprimida, según un estudio publicado en la revista Nature hace un año por científicos de Estados Unidos, Canadá y Holanda.

El astrofísico Benito Marcote, del Joint Venture Institute for VLBI ERIC de Holanda, que forma parte de aquel equipo, detalló a la agencia Efe en un correo electrónico que, “de momento, el origen último de la FRB sigue siendo un misterio, pero poco a poco se van acotando las posibilidades “.

Las observaciones han establecido que los objetos que las producen “deben ser bastante compactos, jóvenes -de decenas o pocos cientos de años- y encontrarse en entornos muy extremos”, explica Marcote. Por eso, “la hipótesis más plausible sigue siendo, de momento, que las ráfagas las producen estrellas de neutrones jóvenes y con un campo magnético muy fuerte”.

Indistitamente, hace falta algo más para que las FRB sean amplificadas para hacerlas tan brillantes y ahí “es donde el escenario no está tan claro”. La mayoría de los modelos consideran que esas estrellas de neutrones están rodeadas por los restos de la explosión de una supernova superlumínica y es la interacción entre ambas lo que produce la FRB, pero otros defienden que la estrella se encuentra en los alrededores de un agujero negro que produce una interacción similar al de la supernova

Imagen referencial| Radiotelescopio

Es muy pronto para decir que son señales, que hay vida en el exo-espacio, o que se puede descifrar un mensaje extraterrestre, los astrónomos seguirán en su dedicada labor de estudiar este tipo de fuentes con uno de los más potentes y novedosos radiotelescopios como el recientemente inaugurado CHIME en Canada.

Desde el pasado verano ha detectado más de cien ráfagas y descubierto que “son capaces de emitir energía en frecuencias muy bajas”, lo que significa que tendrían que reconsiderarse algunas de las teorías sobre el entorno en que se producen.

Hasta ahora, la mayor contribución de CHIME ha sido encontrar una segunda ráfaga que se repite, “ahora sabemos que la original FRB de repetición no es única, ¡podría haber una población entera de FRB como ella!”, precisa Ng, que forma parte del equipo que hizo este descubrimiento.

Con información de EFE

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