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Hace unos días, el periódico digital Michigan Live publicó un artículo sobre el receptor cubano Brayan Peña en el que narra el debut de este como nuevo mánager del equipo de béisbol West Michigan White Caps, una sucursal de liga menor de los Tigres de Detroit.

La historia sobre Peña se refiere a su salida de Cuba en 1999 cuando abandonó la delegación de la isla en Venezuela durante un campeonato de béisbol juvenil.

El escape de Peña no tiene nada de extraño ni excepcional para los cubanos que no pueden ejercer el derecho de salir y entrar libremente a su país de nacimiento y nacionalidad como se hace en cualquier otra nación civilizada, decente y libre en este planeta.

Pero esa historia, tan común para nosotros, acostumbrados a la “normalidad” de lo anormal de la situación de nuestra nación bajo el régimen que la oprime, es excepcional para los jóvenes jugadores del equipo que dirige ahora Peña.

Los peloteritos de Peña buscaron en Internet información sobre su nuevo y joven mánager y encontraron los datos sobre el proceso de la salida de Peña, las vicisitudes de su trayectoria hasta llegar a Grandes Ligas donde estuvo en porciones de 12 temporadas.

La historia de Peña ha llenado de inspiración a sus jugadores que ahora lo miran con admiración y respeto y tratan de dar lo mejor de ellos para jugar bajo su dirección.

Al leer la nota del Michigan Live, nuestro compañero Alex Rivero nos recuerda que, después de salir de Cuba en 1999, Peña estuvo en la isla de visita en enero de 2016 con un grupo de peloteros cubanos entre los que estaban Yasiel Puig, José Abreu y Alexei Ramírez, recibidos por Antonio Castro, hijo del verdugo número uno de nuestro pueblo y capataz de la encomienda beisbolera en la isla.

La visita muestra la ductilidad vertebral de algunos de los jugadores nacidos en Cuba, que después de abandonar su patria de forma “ilegal”, por una arbitrariedad impuesta por un régimen espurio, piden permiso para regresar de visita a su propio país.

Al salir de Cuba, fueron tildados de traidores, escoria, vendidos por dinero y la familia que dejaron detrás fue sometida a escarnio público, asediada y en muchos casos despojada de sus pocos bienes materiales por tener un “traidor” en el seno de su familia.

Sin embargo ahora millonarios, van a reunirse con Antonio Castro en un coloquio de oligarcas para lucir su recién adquirida riqueza y, en algunos casos conocidos, darle las gracias a su esclavista por permitirle esa visita a la tierra que los vio nacer.

Durante su estancia como jugador en Grandes Ligas Peña bateó para un promedio de 259, un promedio discreto pero aceptable para un receptor. Jugó para los Tigres de Detroit y después de sus días de jugador activo se integró a la organización de Detroit como dirigente. Su nombramiento como mánager de los White Caps es la tercera promoción por parte de esta organización.

Con su conocimiento del juego, su inteligencia y simpatía personal seguramente seguirá subiendo, ya sea con los Tigres o con otra organización,con su juventud, tiene 38 años, no duden que en el futuro lo veamos en una posición de dirigencia en grandes Ligas.

No sería el primer cubano mánager de equipos grandes.



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