Luis Castillo es un recuerdo doloroso para los Marlins


El abridor de los Rojos Luis Castillo lanza en el primer inning del partido ante los Marlins, el 9 de abril de 2019 en Cincinnati.

El abridor de los Rojos Luis Castillo lanza en el primer inning del partido ante los Marlins, el 9 de abril de 2019 en Cincinnati.

Foto: AP






Ya les llegará el momento ante Chris Paddack, pero por ahora no pudieron evitar a Luis Castillo. ¿Lo conocen? ¿Recuerdan ese nombre en el cambio, o mejor dicho, los cambios del 2016 y el 2017 con Padres y Rojos? Probablemente no y es entendible.

Pues ese Luis Castillo, al igual que Paddack en San Diego, se ha convertido en un as de la rotación, lo cual es significativo –y preocupante- para un equipo como Miami siempre en busca de brazos talentosos y controlables. ¿Cómo no pudieron ver a luz larga los encargados de visualizar el futuro?

Con su cambio engañoso y cortante, el lanzador dominicano amarró el martes bien corto a los peces para que los Rojos se impusieran 14-0 y cortaran una racha de ocho derrotas, después de una bronca dominical que acaparó titulares y le costó dos juegos de expulsión a Yasiel Puig.

La ausencia del jardinero cubano apenas resultó una historia al margen, porque la ofensiva de Cincinnati –que conectaba para un anémico promedio de .170 hasta el lunes- despertó en todo su esplendor, incluyendo cinco cuadrangulares, cuatro de ellos ante un Wei-Yin Chen que, de no ser por su abultado salario, estaría ahora mismo en busca de trabajo.

No, la historia no fue Puig, ni la tercera derrota de un José Ureña que revive el fantasma de la primera mitad del 2018 con una efectividad de 9.22, sino la soberbia faena de Castillo, quien ponchó a ocho hombres para llegar a 25 en la temporada con siete episodios limpios que rebajaron su promedio de carreras limpias a 0.92.

Castillo suele utilizar la recta solo como carta de presentación, mezclándola con un slider que siembra la duda en los rivales, pero el cambio es su espada de matador. Más del 90 por ciento de sus ponches los completa con ese lanzamiento secundario.

A diferencia de su compatriota, Ureña tuvo que refugiarse casi exclusivamente en su recta, como si le costase trabajo confiar en sus envíos de segunda línea, como si temiese utilizarlos. Los Rojos, sedientos de ataque, no lo perdonaron.

Lo increíble es que los Marlins –bajo la errática dirección de Jeffrey Loria- intentaron cambiar dos veces al vencedor dominicano, primero a San Diego en el 2016 en el canje de Andrew Cashner, Colin Rea y Tyron Guerrero, aunque fue regresado a Miami al lesionarse Rea en su salida inicial.

Poco tiempo después, en enero del 2018, Castillo finalmente recaló en Cincinnati como parte del traspaso de Dan Straily, a quien los peces dejaron partir en los últimos días de esta primavera. Y ahora el lanzador de los Rojos es toda una realidad, dolorosa, de lo que pudo haber sido y no fue.

Paddack, para aquellos que tampoco recuerdan, fue envíado a San Diego en un cambio por Fernando Rodney en el 2016. Comenzó mal su estancia con los Padres debido a una cirugía Tommy John, pero su ascenso ha sido meteórico y como definió un scout “es un animal’’.

A Paddack lo veremos en junio.





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