Los texanos reclaman al gobernador Abbott por la falta de comida, luz y agua tras la tormenta invernal | Noticias Univision Estados Unidos


Cuando la luz y el agua faltaron por días en Texas tras la tormenta invernal, se multiplicaron los problemas para los residentes del estado. Días antes, el gobernador Greg Abbott puso énfasis en temas más amplios, como el de evitar el uso de vías, porque estarían congeladas; el de llevar los termostatos a 68 grados Farenheit o desconectar equipos en casa para reducir el consumo energético. Pero no anticipó soluciones para los problemas cotidianos que fueron surgiendo durante el temporal: cómo llamar para pedir ayuda cuando las líneas telefónicas fallaran, dónde conseguir agua potable cuando la que saliera por las tuberías —si es que no estaba congelada— dejara de ser apta para el consumo y cómo hervirla sin electricidad.

En plena crisis, cientos de personas le dejaron comentarios a Abbott en su página de Facebook, donde el 12 de febrero publicó la declaración de estado de desastre para los 254 condados.

“Normalmente me pongo de su lado, gobernador, pero este es un desastre inexcusable. Tenemos semanas de saber que vendría este clima y no se hizo nada para que estuviéramos preparados”, escribió un usuario de la red social Facebook que dice vivir en Coppell, Texas, una ciudad al noroeste de Dallas, donde las temperaturas cayeron hasta los 3 grados Farenheit (-16 grados Centígrados).

“¿Qué recursos están disponibles y cómo podemos acceder a ellos? Tenemos cortes de luz en todo el estado, carreteras cubiertas de hielo y nieve (…) Es demasiado peligroso salir de casa para ir a cualquier lugar (…) La mayoría de los gobiernos activan planes ante desastres útiles para los ciudadanos”, escribió otra usuaria.

“No podemos cocinar ni mantenernos calientes por cinco minutos”, reclamó una persona más. “Estoy desesperada. Mi hijo ha estado sin electricidad por 24 horas. Está hambriento, congelado y deprimido. No hay comida ni forma de comprarla”, espetó alguien más desde El Paso, Texas.

Tras el tuit de un periodista que condenaba que Houston pidiera a sus residentes hervir el agua, una persona le respondió: “No podemos ni hervir el agua porque no hay en el sistema. Las tiendas están cerradas. Así es como obtengo agua en Houston en el 2021”. El mensaje iba con una foto de una cava en la que caía el agua que se derretía del techo de su balcón.

El 14 de febrero, a horas de que la tormenta golpeara el estado con toda su fuerza, Abbott advirtió: “Este será un momento retador para Texas y los texanos, pero sabemos que es un reto para el que los texanos están preparados. Si cada uno sigue los pasos responsables con las cosas que puede controlar, podemos superar este reto de manera que podamos reducir la pérdida de vidas, que maximicemos nuestra habilidad para el uso de la energía que necesitamos y que además maximicemos nuestro bienestar y la seguridad de todos en el estado”. Ese día tampoco entró en detalles que quizás los tejanos necesitaban escuchar no solo de sus autoridades locales, sino también desde el nivel más alto: el del gobernador del estado.

“Tomen acciones ya”

Gobiernos locales, como el de Houston, ya habían anticipado recomendaciones específicas y habían comparado el golpe que venía con el de un huracán, un fenómeno meteorológico que Texas sí conoce bien y para el que sabe cómo prepararse.

“Nuestra infraestructura aquí, en el condado Harris, no está lista para esto. En nuestra región tenemos huracanes, pero no explosiones árticas”, dijo el 12 de febrero Lina Hidalgo, la jueza del condado Harris, en Houston, el más poblado del estado. “Donde sea que se encuentren para el domingo, prepárense para quedarse al menos hasta el martes por la mañana (…) Urgimos que todos tomen acciones ya mismo para preparase”, pidió. Recomendó entonces armar todo para enfrentar “el peor escenario”, como si se tratara de un huracán de categoría cinco.

En la lista recomendó incluir cargadores de teléfono, comida y agua suficiente para pasar días de temporal, cobijas, linternas, medicinas; recordó abrigar a las mascotas dentro de casa y proteger las tuberías del frío congelante que se avecinaba para evitar que estallaran.

“Queremos tratarlo tal como si hubiera un anuncio de huracán que fuera a golpear aquí”, aseguró con contundencia.

Con menos fuerza, el alcalde de Austin, Steve Adler, preparó a los residentes de su ciudad con una ilustración que llevaba la pregunta “¿estás preparado para un corte de luz?”. En el dibujo, mostraba a una persona sosteniendo una linterna que alumbra a un escritorio con un teléfono conectado a un cargador, un kit de primeros auxilios, un radio de pilas, baterías adicionales; y bajo la mesa se ven alimentos y agua para al menos tres días. “Asegúrate de estar listo”, se lee.

Desde aquellos anuncios, corrieron los días del lunes al jueves. Millones de personas en el estado habían pasado a oscuras y sin agua las gélidas temperaturas, en ciudades como en zonas remotas y más rurales. Las autoridades pedían que cerca de 13 millones de texanos hirvieran el agua, pues no era apta para el consumo; pero los residentes no tenían cómo hacerlo sin electricidad. Muchos negocios cerraron y no había dónde comprar agua o comida.

El jueves, el gobernador Abbott dio una rueda de prensa y aseguró que todo se resolvería: “Estamos en proceso”, reaccionó, al explicar que buscaban formas de abastecer la falta de energía, de reponer los cortes de agua, de ayudar a quienes tenían tuberías rotas o daños estructurales a través de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA). Dijo además que la Guardia Nacional apoyaría en la asistencia de aquellos que necesitaban trasladarse a refugios para calentarse.

Tuvieron que reaccionar. El jefe de manejo de emergencias en el estado, Nim Kidd, informó que tenían generadores para atender los cortes en lugares esenciales, como hospitales y casas de ancianos. También dijo que distribuirían comidas listas para ser consumidas con agua potable en ciudades y condados de Texas.

Con la crisis que se generó en el estado, la respuesta del gobierno central no fue suficiente para atender a todos. Desde autoridades locales hasta organizaciones y grupos de espontáneos dieron soluciones. Pasó en San Antonio, por ejemplo, donde un oficial de policía llevó alimentos a un residente de esa ciudad que estaba sin servicios y otro recargó el celular de un vecino.

Pasó también con particulares, como el jugador de fútbol americano Michael Huff, que pagó decenas de comidas en distintos restaurantes de tacos y pollo frito en Irving, Austin y Dallas para que quienes no tuvieran acceso a alimentos resolvieran al menos ese problema.

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