Los revendedores cubanos en el COVID-19


A pesar de las medidas restrictivas implementadas y los juicios “ejemplarizantes” televisados, las autoridades cubanas no han logrado acabar ni con las aglomeraciones ni con los revendedores.

“Hay mucha gente que se dedica a revender, porque esa también es la forma que tienen de conseguir dinero para cubrir sus necesidades primordiales”, señaló el activista Héctor Cedeño Negrín, residente en La Habana Vieja.

“Ya antes del coronavirus, estábamos en Período Especial, sólo que ahora se ha recrudecido. Y el mercado negro florece en los momentos de crisis económicas. La única diferencia que yo le veo a éste respecto al de la década de los 90 es que todavía quedan gatos”.

Muchos cubanos negocian con los turnos que han obtenido previamente.

La única diferencia que yo le veo a éste respecto al de la década de los 90 es que todavía quedan gatos …

“Nadie se hace rico vendiendo puestos en una fila. La gente tiene que pasar toda la noche y la madrugada sentado en las afueras de los mercados, para cuidar los sitios en las colas. Cogen varios turnos, que después negocian a 2 ó 3 “fulas”, indicó el también sindicalista independiente.

Otros especulan con lo que logran adquirir extra en las tiendas estatales.

“Si solo se permite comprar una cantidad limitada de paquetes de pollo a 7 dólares, pues hacen la hilera dos y tres veces y los venden a 10”.

Se arman grandes tumultos para comprar cerveza y cigarros que también son objetivos de los revendedores.

“Los cigarros como los H. Upmannlos compran a 50 ó 60 centavos de dólar y luego los trafican por 20 pesos, y la cerveza, que en el caso de la Cristal, puede alcanzar un valor de hasta 60 pesos cubanos”, apuntó el activista.

Desde Centro Habana, la opositora María López subrayó que “hasta los módulos que se les están vendiendo a las embarazadas y a personas con cáncer, se revenden”.

El desvío de recursos de hogares de ancianos, comedores y prisiones es otra de las fuentes para sustentar el mercado subterráneo.

“Igual pasa en todas las dependencias donde se expenden alimentos como los comedores obreros, los hogares de ancianos, las prisiones y hasta en los hospitales”.

“Subrepticiamente, los administradores y trabajadores, “trapichean” aceite, arroz, frijoles, destinados a la elaboración de la comida de esos lugares. Y hasta almuerzos a 10 pesos que la gente compra porque tiene necesidad”, dijo Cedeño Negrín.

Agentes de la PNR tratan de apresar a los traficantes pero muchos logran burlar el control policial, dijo la centrohabanera.

“En cada mercado hay tres, cuatro, cinco, seis policías. En su mayoría están con un celular y algunos con una tableta escaneando los carnés de identidad. Ellos verifican en cuántos lugares estuvo cada individuo. A la tercera vez que aparezca una misma persona en varias colas, tengo entendido que va preso ya que la segunda vez es una multa”, resaltó López.

“Fíjese todo esto para llevar a nuestra casa algo de comer. En ese algo de comer entra un paquete de perros de 24 pesos cubanos, un refresco, dos cajas de jugo, una caja de cerveza, un paquete de pollo También puede adquirir cinco paquetes de galletitas de 35 centavos. De eso depende el cubano”, destacó la opositora.

El gobernante Miguel Díaz-Canel, ha reiterado que se debe actuar con severidad contra los acaparadores y revendedores en el país durante la crisis del coronavirus, pero el mercado negro regido por la ley de oferta y demanda diseña su estrategia para obtener ganancias a la vez que corrompe a los que se ocupan del almacenamiento, la distribución y venta de las mercancías.



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