La tradición de los Reyes Magos está viva en Miami


Marcos Antonio Godinez está enfadado con Dios, pero no con los Reyes Magos. Desde hace algunas semanas se mudó a Miami para un tratamiento contra el tumor cerebral que lo aqueja y extraña el ambiente de fiesta que reina por estas fechas en sus dos patrias: España y México.

“En México todos los niños esperan la llegada primero de Santa, en diciembre y luego de los Reyes, en enero. Es una gran fiesta de regalos”, dice Marcos, que ya tiene 14 años. Hace solo dos se enteró de que detrás de los tres personajes cargados de juguetes están sus padres, a quienes les ha tocado acompañarlo en este difícil camino de la recuperación.

“Recuerdo cómo pasaba la noche en vela esperando la llegada de los reyes e intentaba portarme lo mejor posible para recibir regalos. Antes de irme a dormir les ponía agua y leche a los camellos para que los reyes no me dejaran carbón”, rememora.

De estatura media, completamente rapado y muy locuaz, a Marcos se le ilumina el rostro al recordar aquellos momentos de su infancia en los que compartía el roscón de reyes, un dulce típico de estas fechas, junto a sus familiares.

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“En España a quien le toca la haba seca o la figura de plástico tiene que pagar el roscón, mientras que en México le toca pagar los tamales de la fiesta de la Candelaria”, dice.

Marcos se enfrentó recientemente a una intervención quirúrgica y un sangramiento que le ha dejado con una parálisis parcial. Extraña a sus amigos en México y los juegos de fútbol que jugaba incluso después de las radiaciones.

“Tengo fe en que con mi propio esfuerzo voy a salir adelante”, dice. La fe en Dios le cuesta después de tantas pruebas.

“La gente no valora el milagro que puede ser mover sus manos o jugar fútbol con sus amigos. Uno tiene tantas cosas que agradecer”, comenta mientras a su madre se le llenan los ojos de lágrimas.

Uno de sus proyectos es escribir un libro relatando su proceso de recuperación para ayudar a otros niños que pasen por situaciones similares.

Marcos opina que la tradición de los Reyes Magos debe “mantenerse” y “cultivarse” porque ayuda a aglutinar a la familia y le da ilusión a los niños. En el mundo cristiano la festividad de la Epifanía (manifestación) del Señor, como se conoce a la liturgia de este domingo se lleva celebrando desde el siglo IV según se tiene constancia, incluso antes que la Navidad.

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La rosca de reyes, un dulce típico de estas festividades.

Cortesía

El pasaje bíblico que sustenta la celebración está en el capítulo 2 del Evangelio de Mateo, explica el sacerdote católico Rafael Cos, de la Arquidiócesis de Miami.

“Unos sabios de Oriente, aparentemente conocedores de las predicciones judías, fueron a adorar a Jesús. Nunca se habla del número de sabios, también traducido como mago, ni tampoco de sus nombres. Eso es algo que luego recoge la tradición”, dice Cos, quien trabaja en una misión cristiana para familias migrantes en Homestead.

Las tradiciones hablan de tres, cuatro o incluso 12 reyes magos. Los nombres Melchor, Gaspar y Basaltar se remontan al siglo VI y sus restos están supuestamente enterrados en lugares tan disímiles como Teherán o Estambul. Sin embargo, en la catedral de Colonia se veneran sus reliquias, depositadas allí desde finales de la Edad Media.

Los magos, que según los biblistas eran más bien astrónomos y astrólogos buscan a Jesús recién nacido y le ofrecen oro, incienso y mirra. “Es un pasaje de un hondo significado porque el oro representa la realeza de Jesús, su imperio. La mirra la frágil condición humana en la que se ha revelado el Hijo de Dios y el incienso su carácter divino”, añade el presbítero.

“Básicamente el evangelista relata con este pasaje la universalidad del mensaje cristiano. Por eso la tradición recreó a cada uno de los magos con las razas conocidas hasta entonces, uno era asiático, otro africano y un tercero europeo”, dijo Cos.

Para el sacerdote el mensaje de los reyes magos tiene completa vigencia. “Los magos salieron de su seguridad y en el camino encontraron la estrella que los guió a Jesús. Tenemos que salir de nuestras seguridades para encontrarnos con el otro que es el lugar donde siempre se nos revela Dios”, comentó.

Jesús Álvarez, un laico católico de la comunidad de Santa Ana que atiende a familias migrantes que trabajan en los campos de Homestead conoce bien esta actitud de salir al encuentro de los otros.

Álvarez ha acompañado durante más de una década a quienes, como él, llegaron a Estados Unidos buscando trabajo y estabilidad.

“En la Misión Santa Ana intentamos ayudar orientar y evangelizar a las familias que llegan de Centroamérica y México. Nuestro empeño es que no se sientan solos ni desprotegidos”, comenta.

Este domingo Álvarez tiene organizado un pizza party al que están invitados más de cien menores. Después del compartir llegará el momento de entregar juguetes a los niños. Otras organizaciones como los Kiwanis de Little Havana y la Ermita de la Caridad del Cobre también tienen organizadas actividades similares para regalar juguetes a los niños.

“La mística de los Reyes Magos la vivimos a diario en la Misión. Todo con lo que trabajamos es donado. Gracias a la generosidad de las personas podemos ayudar a que otros tengan una mejor vida”, dice.

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