DeSantis apela al fantasma del racismo en ataque a Gillum


Andrew Gillum es el hombre del momento, no solo en la Florida sino en el panorama político de la nación.

El carismático alcalde de Tallahassee, un progresista imperturbable, se convirtió en el primer afroamericano designado para ser elegido como gobernador en la Florida al ejecutar una campaña energética dirigida a una coalición de votantes demócratas cansados del mismo juego político.

El histórico hito racial debería haber sido un momento de gran satisfacción para todos. El país advirtió su importancia, atrayendo rápidamente interés en la contienda para reemplazar al gobernador de Florida, Rick Scott, y proyectándola mucho más allá del estado.

Pero Gillum, nacido en Miami y criado en Gainesville, no tuvo que esperar mucho tiempo para enfrentar el viejo fantasma del racismo —y su nueva encarnación en la era del fanatismo incitado por Donald Trump.

A la mañana siguiente a su trascendental victoria, su oponente republicano, el congresista Ron DeSantis, en su familiar terreno de Fox News, ya estaba utilizando un insulto racista para describir lo que le pasaría al estado si Gillum saliera victorioso.

“Es un portavoz elocuente de esos puntos de vista de la extrema izquierda. Y es un candidato carismático”, dijo DeSantis. “Vi los debates demócratas. No estoy de acuerdo con nada de eso, pero él se desempeñó mejor que las demás personas, así que tenemos que trabajar fuertemente para asegurarnos de que continuemos en un buen camino para la Florida. Construyamos sobre el éxito que ya hemos logrado con el gobernador Scott. Lo último que tenemos que hacer son monerías (“monkey this up”, en inglés) tratando de adoptar una agenda socialista con enormes aumentos de impuestos y la bancarrota del estado. Eso no va a funcionar. Eso no va a ser bueno para Florida”.

El uso de vocabulario alusivo a los monos para degradar a un hombre negro es el truco más antiguo en la biblia de los racistas, pero no sorprende que salga de la boca de DeSantis. También llamó a otra joven progresista demócrata nominada por el estado de Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, “esa chica… o lo que sea” para refutar igualmente su victoria electoral al menospreciar su género y su apariencia.

Este individuo es el engendro perfecto de su ídolo, el presidente Trump, quien lo apoyó y prácticamente le otorgó a DeSantis la nominación republicana en la contienda primaria contra el comisionado de Agricultura, Adam Putnam, otro entusiasta fanático de Trump que se había estado preparando para la gobernación desde que se graduó de la universidad.

Hora y media antes de los comentarios cargados de racismo pronunciados por DeSantis, Trump también había atacado a Gillum en un tweet a las 8 a.m., calificándolo de “alcalde socialista fallido”, y alardeando que este tipo de oponente es el “mayor sueño” de DeSantis.

El presidente olvidó que un senador de Chicago llamado Barack Obama ganó en la Florida en 2008 contra John McCain, héroe de guerra y personaje de primera clase, y nuevamente en 2012 contra el ex gobernador de Massachusetts, Mitt Romney, aunque esta vez por un margen estrecho.

Es posible, y lo más probable, que Gillum pueda inspirar una coalición similar de votantes nuevamente para ganar la contienda por la gobernación. Él ya ha sido inspirador. Esta elección primaria tuvo la participación de votantes más alta de la década.

Es por ello que DeSantis está esgrimiendo la carta del racismo desde el primer momento: para apelar a los mismos feos sentimientos del dominio de los blancos que hicieron surgir a Trump, al evocar el miedo al hombre negro con un lenguaje codificado.

Y es por eso que la administración de Scott y los republicanos del estado pueden volver a intentar que sea más difícil para los votantes negros, los votantes jóvenes y los votantes latinos, llegar a las urnas, como lo hemos visto durante los últimos ocho años.

A pesar de su triunfo sorpresivo contra la ex congresista Gwen Graham, quien había liderado las encuestas y es hija de un ex senador y gobernador, la victoria de Gillum es una bienvenida evolución política para la verdadera Florida, que es racialmente diversa y multicultural.

El estado falló en su elección de la primera gobernadora cuando eligió a Scott en 2010, pero de 1987 a 1991, Florida tuvo un gobernador hispano, Bob Martínez, un republicano. Ya es hora de que los afroamericanos ocupen el lugar que les corresponde en el liderazgo del estado.

Los republicanos como DeSantis, que se mueven en sus círculos de poder exclusivamente blancos, no han notado la creciente clase media negra de la Florida, la creciente clase negra política, y la creciente clase negra profesional.

Pero ella está a la vista en ciudades como Jacksonville, Miami, Orlando, Miramar, Pembroke Pines, Parkland y Tallahassee.

“Lo que necesita nuestro estado y nuestro país es decencia, esperanza y liderazgo”, respondió Gillum al presidente en Twitter.

Y para cerrar “Además, [dirígete] @ a mi, la próxima vez, @realDonaldTrump”.

Y, como remate, no perdió el ritmo al dirigirse a los votantes en video: “Donald Trump y Ron DeSantis están raspando el fondo del barril. Creo que Florida y su rica diversidad van a buscar un gobernador que nos una. No que nos divida. No misóginos. No racistas”, dijo.

Quienes consideraban a Gillum como “el candidato imposible”, con poco dinero versus dos millonarios y un multimillonario, un hombre negro en un estado donde los actos de racismo no son cosa del pasado, tampoco creían que Obama pudiera ganar.

Ahora, la contienda de Gillum por la elección de gobernador contra un sucedáneo de Trump hace que la gente hable de Florida como un microcosmo del país, y su elección a la gobernación como un referéndum sobre Washington.

Bien hecho, Sr. Gillum.



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