Brasil: futuro incierto ante ideologías opuestas en gobierno


A solo unas semanas de su toma de posesión, el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro está formando un equipo de gobierno con ministros que tienen puntos de vista totalmente distintos en asuntos clave como el cambio climático, la economía y China, que plantea dudas sobre la dirección que tomará el líder de ultraderecha.

Desde su elección en octubre, Bolsonaro ha nombrado a un ministro de Finanzas de corte neoliberal, a uno de Exteriores que describe la globalización como “un sistema antihumano y anticristiano”, a partidarios y críticos del papel de China en la región, a varios militares retirados y a un ministro de Justicia que es posiblemente el abanderado de la lucha contra la corrupción más conocido del mundo.

Los analistas dicen que las eclécticas decisiones tomadas por el excapitán del ejército antes de su toma de posesión el 1 de enero podrían generar enfrentamientos no solo dentro del ejecutivo sino con el propio Bolsonaro, ya que algunas de sus opiniones están en las antípodas de sus promesas electorales.

“Estamos viendo ya señales claras de tensión”, afirmó Oliver Stuenkel, profesor de relaciones internacionales en la universidad y centro de estudios Fundaçao Getulio Vargas.

Las numerosas solicitudes de comentarios de Bolsonaro y sus próximos ministros no fueron atendidas.

Posiblemente la figura más antagónica del próximo gobierno brasileño sea la del ministro de Exteriores, Ernesto Araujo, que nunca fungió como embajador ni ocupó un alto cargo en la cancillería en sus casi 30 años de servicio público.

En su blog, Araujo escribió que quería “ayudar a Brasil y al mundo a liberarse de la ideología globalista”, y que el globalismo era “un sistema antihumano y anticristiano” controlado por el “marxismo cultural” para promocionar a China.

Como Bolsonaro, quien hizo una campaña basada en un programa nacionalista, contra la delincuencia y el socialismo y a favor de los “valores tradicionales brasileños”, Araujo considera que China y los miles de millones de dólares invertidos por Beijing en energía, infraestructuras y petróleo y gas en el país son una amenaza a su soberanía.

Pero la mayor economía de Latinoamérica necesita claramente a China por algo más que sus inversiones: el gigante asiático fue el principal destino de las exportaciones brasileñas, por importe de 47.000 millones de dólares, según datos del ejecutivo.

La posición de Araujo sobre China se topará no solo con la resistencia de las empresas brasileñas, sino también con la de otros poderosos ministros que ven a Beijing con otra óptica, especialmente el futuro ministro de Finanzas, Paulo Guedes.

Guedes, que tiene un doctorado por la Universidad de Chicago, recabó el apoyo de gran parte de la comunidad empresarial para la campaña de Bolsonaro con la promesa de recortar el gasto gubernamental, privatizar muchas industrias e incrementar la inversión extranjera. Al principio de la campaña, el empresario Winston Ling, que es hijo de inmigrantes chinos, presentó a Guedes a Bolsonaro.

Otra cuestión que podría generar enfrentamientos es la posición de Brasil ante el cambio climático. El mundo observará su postura ya que alberga gran parte de la vital selva tropical del Amazonas.

Bolsonaro amenazó con retirarse del Acuerdo del Clima de París y prometió ayudar a las grandes empresas mineras y agrícolas a expandir sus actividades en zonas protegidas, incluyendo la Amazonía. Su ministro de Exteriores también mostró su escepticismo hacia el cambio climático, calificándolo de “dogma” de la izquierda para alimentar el crecimiento de China.

Pero sacar adelante su política medioambiental y las opiniones proteccionistas de Araujo podría tener un costo elevado. Según los observadores, salir del pacto de París podría hacer que los mercados extranjeros, como la Unión Europea, boicoteen ciertos productos brasileños.

Es probable que Guedes y la futura ministra de Agricultura, Tereza Cristina, se opongan a cualquier medida que ponga en peligro la relación de Brasil con socios comerciales clave.

“Un nacionalismo exacerbado no puede justificarse en un mundo globalizado”, dijo el congresista Alceu Moreira, que encabeza un poderoso grupo de cabildeo agrícola que respaldó la campaña de Bolsonaro.

Según Moreira, el proteccionismo terminará afectando a la eficiencia y competitividad de la industria brasileña.

“Queremos que la gente que nos representa, en el Ministerio de Asuntos Exteriores, sea la más cualificada”, añadió en una aparente referencia a Araujo.

Jose Alfredo Graça Lima, ex cónsul general en Nueva York y Los Ángeles, apuntó que cree que la de Guedes será la voz predominante en el ejecutivo.

“Pero sigo preguntándome quién manejará, quién desempeñará el papel principal (en la diplomacia brasileña)”, declaró Graça Lima.

Y algunos ministros podrían incluso enfrentarse a su jefe.

La visión de libre mercado y a favor de la privatización de Guedes parece estar enfrentada a veces con la de Bolsonaro, un nostálgico de la dictadura militar que gobernó el país entre 1964 y 1985, una época en la que el estado jugó un papel destacado en la economía.

Sergio Moro, el juez que supervisó la investigación “Autolavado”, una de las mayores operaciones contra la corrupción de la historia, también podría chocar con el presidente electo pese a la promesa de Bolsonaro de no interferir en sus decisiones.

Con el telón de fondo de los 63.880 homicidios registrados en el país en 2017, Bolsonaro fue elegido en parte con la promesa me mejorar la decadente seguridad para luchar contra las bandas callejeras: propuso aliviar las leyes de tenencia de armas, reinstaurar la pena de muerte y rebajar la edad de responsabilidad penal de los 18 años actuales a 16 o 17.

Es poco probable que Moro este de acuerdo con estas propuestas, y ya expresó sus reservas acerca la legislación de armas de fuego. Desde su designación como un superministro al frente de los departamentos de Justica y Seguridad Pública, el exjuez ha explicado sus planes para combatir la delincuencia de guante blanco pero no ofreció propuestas sobre seguridad.

Por el momento, siete exmilitares nombrados por Bolsonaro se están posicionando como comodines en el futuro ejecutivo.

El vicepresidente electo, Hamilton Mourao, un general retirado, realizó varias declaraciones polémicas, como su defensa de la tortura durante la dictadura. Sin embargo, muchos observadores consideran que podría aportar equilibrio.

En varias ocasiones, Mourao ha moderado las posiciones más polémicas de Bolsonaro, como trasladar la embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén siguiendo los pasos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Brasil es uno de los principales exportadores de carne halal del mundo, e Irán y Egipto son su tercer y cuarto mayor mercado, respectivamente, según datos de la Asociación Brasileña de Exportadores de Carne.

“Obviamente, esta es una cuestión que tendremos que pensar muy bien”, declaró Mourao al diario Folha de S. Paulo. “Tenemos una importante relación comercial con el mundo árabe”.



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