así describe un nuevo libro al príncipe Guillermo


Ahora mismo la imagen que tiene todo el mundo del príncipe Guillermo (a excepción de su hermano, el príncipe Harry, claro) es que es un padre de familia modelo, alguien bastante honesto por cómo se sincera sobre sus propia paternidad, que respeta muy bien el protocolo como heredero al trono y que está ahí cuando se le necesita, como ha demostrado durante la epidemia del coronavirus. Pero parece ser que no siempre fue así.

Tal y como asegura en uno de sus adelantos el libro Battle of Brothers: William and Harry – The inside story of a famiy in tumult, que firma nada más y nada menos que el historiador real Robert Lacey, quien ha sido asesor de la serie The Crown, y que sale a la venta el próximo día 15 de octubre, el hijo mayor de Carlos de Inglaterra no es ni de lejos el bueno de esta historia.

Los lectores podrán encontrar argumentos a favor y en contra de ambos hermanos y de cómo la fractura actual proviene desde casi su más tierna infancia. Y aunque puede ser que, como muchos británicos, se piense en el marido de Meghan Markle como el díscolo e impulsivo, Lacey recuerda cómo era el duque de Cambridge cuando joven.

Para no quedarse en solo palabras sin fundamente, el autor utiliza pormenorizadas anécdotas llenas de detalles y una de las más llamativa es la que acaeció en 1995, justo después de que Lady Di concediera al periodista de la BBC Martin Bashir una polémica entrevista.

Básicamente, lo que vino a decir Diana de Gales es que su matrimonio era de tres porque ella se había enamorado de otro hombre, James Hewitt. Cuando regresó a casa, el actual marido de Kate Middleton se sentía traicionado por su madre, tal y como ella misma relataría a personas de confianza.

“Se desató el infierno. Estaba muy furioso: que si había hablado mal de su padre, que si había mencionado a Hewitt… Comenzó a gritar y a llorar, y cuando ella trató de abrazarlo, él la empujó. Al día siguiente, Guillermo se disculpó con Diana por su mal genio y le regaló un ramo de flores. Pero ella sintió que se había hecho un daño irreparable”, asegura.

Pero, dicho así, parece que Guillermo podía tener algún motivo que otro para estar cabreado, más allá de que las formas no fuesen las correctas. Sin embargo Lacey se apresura a matizar algo que sin lugar a dudas ha sorprendido a quienes han podido leerlo: “Había estallado en uno de los consabidos ataques de ira que, de vez en vez, marcarían su adolescencia y su etapa adulta”.

Nada de hechos aislados

Para cimentar esta afirmación recurre a 2005, año de la boda de su padre con la duquesa de Cornualles.Camilla Parker Bowles le confesó a sus más íntimos allegados el mal genio del príncipe Guillermo y cómo ella había sido testigo de uno de sus ataques de ira.

“Según ella, las disputas habrían sido estremecedoras, con Guillermo sin parar de gritar y Carlos sometiéndose dócilmente. En el reino de Guillermo, todo tenía que ser perfecto. Si su propio padre no lograba estar a la altura a ojos de su primogénito, este desencadenaba su furia”, ha escrito en el libro.

El último de los relatos para atestiguar este comportamiento agresivo lleva a Lacey a 2017, en un momento cercano a las lágrimas, porque, con motivo del 20º aniversario de la muerte de Lady Di, la cadena ITV le invitó a la proyección del documental Diana, our mother.

Sus asesores le pidieron que por favor tuviese algún gesto conciliador hacia su padre y su labor educándolos ante los periodistas, pero lejos de eso, no solo se negó, sino que hizo unas declaraciones que veladamente cuestionaban bastante el papel paterno del hijo de Isabel II en la educación tanto suya como de su hermano menor.

Pero para Lacey, Guillermo no es el más indicado para defender al duque de Sussex. En absoluto, de hecho. Porque aparte de la irascibilidad, hay otros factores que hacen que el pueblo británico tenga una imagen distorsionada del heredero al trono.

El autor sostiene que Guillermo de Inglaterra es el responsable directo de la mala vida que en una determinada época llevó el príncipe Harry, cuando tonteó no solo con el alcohol, algo de sobra sabido, sino también con las drogas. Hasta le responsabiliza a él, al hermano mayor, de que el pequeño acudiese a una fiesta con uno de los disfraces que más han dado que hablar en el siglo XXI: el de un oficial nazi.

El escritor no solo se centra en que Guillermo fuese quien introdujo al padre de Archie en todo aquel mundillo que él mismo disfrutaba con sus amigos, sino que, cuando peor lo estaba pasando Harry y más se estaba cebando con sus acciones la prensa, Guillermo le abandonó y se tomó un año sabático, como si fuese una especie de estrategia.

El historiador Robert Lacey se pregunta, por tanto, qué papel ha jugado en todo esto la prensa de las islas o, incluso, instancias más altas, pues si bien se pregonó a los cuatro vientos el mal estilo de vida de Harry, nunca se hizo lo propio con Guillermo a pesar de ser bastante similar y anterior. Quizá, deja entrever, no se podía permitir dar esa imagen del nieto e hijo perfecto y, ahora, padre y heredero ejemplar.





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