Arzobispo que acusó al Papa reaparece: “No actué por venganza”



“Estoy muy bien, con gran serenidad y paz de conciencia”, dice el arzobispo Carlo Maria Viganò. A cuatro días de que la carta en la que acusa al Papa de encubrimiento y pide su renuncia desatara un verdadero terremoto en la Iglesia Católica, el exnuncio en Washington reapareció. Si bien nadie sabe aún donde se encuentra, el vaticanista Aldo Maria Valli -uno de los dos periodistas con los que el prelado estuvo en contacto en los días previos a la publicación del documento- pudo hablar con él y publicó en su blog una entrevista que recoge sus primeras reacciones a lo sucedido.

“Tengo mucha confianza y esperanza en la Iglesia”, asegura Viganò, desmintiendo a aquellos que, según él, han intentado “destruir mi credibilidad”. “Nunca he tenido sentimientos de venganza o rencor”, dice.

El arzobispo, quien ya había estado en el centro de la polémica durante el escándalo de Vatileaks, en 2010, cuando se conocieron unas misivas enviadas por él al entonces Papa Benedicto XVI denunciando “corrupción, prevaricación y mala gestión en el Vaticano”, insiste en su entrevista con Valli que decidió hablar “porque la corrupción ha llegado hasta el vértice de la jerarquía de la Iglesia”. En su carta, el arzobispo sostiene que el Papa Francisco estaba al tanto de los abusos del cardenal estadounidense Theodore McCarrick al menos desde marzo de 2013, sin embargo, no hizo nada hasta julio pasado, cuando tras una serie de denuncias, lo removió del colegio cardenalicio. Además, denuncia que por años ha existido una red de encubrimiento en la Curia vaticana y que Benedicto XVI impuso una sanción al cardenal McCarrick que Francisco levantó -cosa que ayer el secretario del Papa emérito volvió a calificar de “fake news”.

Luego de conocerse el testimonio del prelado el domingo pasado, en el último día del viaje del Papa Francisco a Irlanda, diversos analistas recordaron la vinculación de Viganò con sectores tradicionalistas que han impulsado una fuerte oposición al actual Pontífice. Ese grupo liderado por el cardenal estadounidense Raymond Burke cuestionó, por ejemplo, hace dos años un documento de Francisco donde éste se abre a permitir la comunión a los católicos divorciados y vueltos a casar. Al ser consultado por Valli como responde a quienes cuestionan sus dichos, el prelado dice que “las respuestas han sido contrapuestas, hay quienes imaginan conspiraciones, complots políticos, pero también tuve oportunidad de ver mensajes de agradecimiento de sacerdotes y fieles”.

Reacción de Maradiaga

Los comentarios de Viganò se conocieron en momentos en que las reacciones frente a su carta no se detienen. Por una parte, el periodista Marco Tosatti -quien aseguró haber ayudado al exnuncio a escribir el texto- salió a desmentir una versión de la vaticanista Stefania Falasca que aseguraba que él era el verdadero autor del texto. “Quien lee el documento sabe que es un testimonio personal de alguien que vivió esos eventos”, escribe Tosatti en su blog, donde llama además a Falasca -una de las periodistas más cercanas a Francisco- a consultarle directamente al Papa sobre las acusaciones. Mientras que, por otra, uno de los que fueron apuntados por el exnuncio como responsable también de encubrimiento, el cardenal hondureño, Oscar Rodríguez Maradiaga, llamó a detener “los ataques contra el Papa” y pidió mantener a la Iglesia Católica unida.

“El monseñor Viganò que conocí no es la misma persona que escribe estas cosas”, dice Maradiaga en una entrevista aparecida ayer en el diario italiano La Repubblica. Y al ser consultado por el vaticanista Paolo Rodari si cree que detrás de la carta “hay un complot organizado por sectores de la derecha estadounidense e italiana contra el Papa”, el cardenal -miembro del Consejo de nueve cardenales que asesora al Pontífice- asegura: “Desde un inicio se percibió una reacción negativa contra Francisco que tenía como objetivo debilitar su magisterio. Las tensiones son inevitables dada la heterogeneidad de quienes forman la Iglesia (…) pero la aceptación o no de la persona del Papa no puede depender de una óptica mundana de simpatía o antipatía, sino sólo de la fe”. Y en relación a las acusaciones en su contra dijo que “es algo que me sorprende, (…) es una idea sin fundamento”.

También reaccionó otro de los citados en la carta del ex nuncio en Washington, el cardenal de Chicago Blase Cupich, considerado un hombre cercano a Francisco. “Francamente, a algunos no les gusta el Papa porque es latino”, dijo el prelado al canal NBC5 de Chicago, agregando que la carta del arzobispo italiano plantea una situación compleja con muchos cabos sueltos a la que él cree que la Iglesia no debe ingresar. Y en relación a la falta de respuesta del Papa a las acusaciones, aseguró que Francisco “tiene otras cosas más importantes que atender”.



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