Artistas de “Circus de Cuba” sobreviven en un pueblito costero de Inglaterra


Se puede decir que Neri Torres nació con la música corriendo por su sangre. Esta oriunda de La Habana se crió en un ambiente que celebra la cultura afrocubana: su mamá y su papá siempre cantaban y bailaban y, durante su niñez, por su casa desfilaban académicos, pintores, músicos y poetas.

Al llegar a Miami a principios de los años 1990, se dio a la tarea de reproducir el entorno cultural, que, de hecho, sentía que le faltaba fuera de Cuba. Como resultado, fundó su propia compañía de baile, IFE-ILE, con el objetivo de promover la danza afrocubana. Para Torres, si Cuba es su madre, Miami se ha convertido en su madrina.

Te has comprometido a destacar la cultura afro-cubana mediante el baile. ¿Por qué es tan importante mantenerla vigente, y cómo se transmite su valor a través del baile?

Creo que es importante mantener la cultura afrocubana porque recoge el conocimiento popular que heredamos de las diferentes culturas que dieron lugar a la identidad cubana, entre ellas las de países del África Subsahariana como Nigeria y el Congo, entre otras, y también la de España como en la rumba, durante el proceso de colonización. Los rasgos y manifestaciones rituales distintivas que definen lo afrocubano abarcan la música, las artes visuales, los mitos y la danza, y han influido en gran medida en todas las esferas de lo que se conoce como cubano y en la llamada cultura instruida o educada.

En cuanto a cómo se trasmite el valor de nuestra cultura a través del baile, creo que el aspecto más importante es trasmitir, como educadores, el significado cultural que encierra cada movimiento. Sin mostrar esa conexión, el baile se limitaría solamente a lo físico, a un puro ejercicio.

Neri Torres: “Lo que me atrae de los bailes afrocubanos es su libertad expresiva y la riqueza en el movimiento”.

¿Cómo te has mantenido activa durante la cuarentena? ¿Qué estás haciendo con tus estudiantes?

Durante esta cuarentena, todos los días salgo de mi apartamento a subir y bajar escaleras por media hora para mantener mi forma física. Se lo recomiendo a todo el mundo. Es un excelente trabajo aeróbico y fortalece las piernas.

En cuanto a mis estudiantes, he tenido que recurrir a la plataforma virtual como todo el mundo. Creo que la internet no es el medio ideal para recrear el calor humano y todo el aspecto de socialización tan positivo que caracteriza a la danza. Pero entiendo que es necesario adaptarse para poder mantener esta forma de arte que por lo general no siempre cuenta con el apoyo debido. Incluso, considero que es posible que la internet haya venido para quedarse en lo que respecta a todas las artes escénicas.

Por el momento, mis estudiantes continúan aprendiendo sobre la danza y la cultura afrocubanas a través de la aplicación Zoom, donde nos conectamos, revisamos algunas combinaciones de movimientos y discutimos lo relacionado con la historia.

Háblame de las clases que ofreces. ¿Cuál es tu estilo? ¿Quiénes participan de ellas: anglos, hispanos, jóvenes, personas mayores?

Dependiendo de la demanda y del lugar donde me encuentre (un college, un estudio o en el festival que produce mi compañía, por ejemplo), ofrezco clases de folklore afrocubano (bailes para los orishas, rumba…), bailes populares cubanos (mambo, son, chachachá…) y danza contemporánea. También imparto la parte teórica de la danza, que abarca la historia además de tópicos relacionados con la cultura en general.

He dado clases a todo tipo de personas interesadas en nuestra cultura, desde asiáticos, anglos (europeos y americanos), caribeños y latinos en general. Las edades fluctúan entre los 18 a los 50 años, aunque también he impartido clases a niños y ancianos como parte de programas especiales.

¿Qué haces para hacerles llegar el sentido de esta música, para conmoverlos? ¿Los estudiantes practican con vestuarios africanos? ¿Es parte de la atmósfera en tus clases?

Bueno, creo que esto se logra a través de una combinación de factores que forman parte de la metodología de la enseñanza, que van desde la modulación de la voz, a tener una idea clara de cómo trasmitir el movimiento en tiempo y espacio. Aparejado a esto, durante la demostración del baile trato de igualar mi propia energía con la de la música, que ya es contagiosa de por sí.

Por lo general, para los bailes afrocubanos los estudiantes usan ropa de hacer ejercicios pero las mujeres requieren sayas amplias. En esto podemos notar que el vestuario en Cuba es diferente al africano, pues a pesar de que estas formas rituales derivan de África (Nigeria y varios países de África central como Angola y el Congo) evolucionaron de manera diferente durante el choque de culturas que fue la colonización. O sea, se “criollizaron” o transculturaron, para usar la clasificación que creara Fernando Ortiz, adaptándose al nuevo contexto.

Eres profesora de danza. Háblame de tus estudios de danza en Cuba y aquí. Tengo entendido que estudiaste una maestría en Denver. ¿Cómo fue esa experiencia de estar tan lejos de Miami y de tu comunidad cubana? ¿Qué aprendiste?

En Cuba cursé estudios de danza en la Escuela Nacional de Instructores de Arte y en el Instituto Superior de Artes, en La Habana. Agradezco a maestros de la talla de Nieves Quintero, Marta Bercy Domingo Pau, Reinaldo Muñiz, Laura Alonso, Zoraida Rodríguez, Víctor Cuellar, Arnaldo Patterson, Eduardo Rivero y muchos otros que inspiraron mi formación profesional, la que considero bastante ecléctica.

Me gradué de un Master en Fine Arts (equivalente a una licenciatura) en la especialidad de danza en la Universidad de Colorado, en Boulder. Paralelamente a la danza, también cursé estudios de cine porque me interesa la relación entre la danza y la imagen fílmica.

Pues allí estuve por casi tres años ininterrumpidos. A pesar de la belleza de las montañas y del sol que brilla a diario en medio de temperaturas gélidas. Me daba nostalgia no poder ver el mar, como buena caribeña y miamense que soy. Chica, para serte franca, extrañaba los pastelitos, la gente hablando alto y el olor a café cubano que sale de cada cafetería. En suma: el “cubaneo”.

Lo más cómico es que mis compañeras de clase, (norteamericanas todas) se reían de mi porque con una temperatura en los 50 y pico de grados, ellas andaban olímpicamente con un suetercito cobarde (como diría mi mama) y yo con un abrigo gordísimo de esos que tienen capucha.

Para mi Miami es mi segunda patria. He tenido la oportunidad de viajar por todo el mundo pero siempre regreso a esta ciudad que me abrió las puertas como emigrante, y donde he realizado la mayor parte de mi carrera y de mis sueños.

¿Cómo describirías lo que es el baile afrocubano? ¿Qué es lo que te atrae a él? ¿Estuviste expuesta a él durante tu niñez, lo bailabas? Tu hermano también es músico y creador de instrumentos. ¿Cómo es trabajar con él?

Bueno, el baile afrocubano en general tiene la característica de ser contagioso por la viveza de sus ritmos y cantos, además de la energía que el bailador debe desplegar. Se ha llamado la atención sobre cómo el sentimiento “celebratorio” de estos bailes atrae a personas de otras culturas, o sea, que tienen la habilidad de crear comunidad, por lo que en estos momentos se pueden contar en miles sus practicantes por todo el mundo.

En lo personal, lo que me atrae de estos bailes es su libertad expresiva y la riqueza en el movimiento. Además, creo que tienen un impacto menos invasivo en el cuerpo como ocurre con el entrenamiento formal (ballet, por ejemplo), por lo que se pueden bailar a cualquier edad.

Sí, estuve expuesta a estas tradiciones desde muy joven. Cuando llegué a la escuela de artes, el estudio de estas formas de bailes se hizo más sistemático, pero me encontré más atraída a la danza moderna en aquel tiempo. Sin embargo, ya de emigrante revaloré la importancia de la contribución de estos estilos de bailar en la manera de moverse del cubano y en mi propia identidad. Por tanto, me di a la tarea de reproducir el entorno cultural que de hecho sentía que me faltaba fuera de Cuba. Como resultado, fundé mi propia compañía de baile IFE-ILE, en la que he orientado mi trabajo sobre la promoción de la danza afrocubana y, a la vez, hago coreografías fusionando lo contemporáneo.

Sí, mi hermano Ezequiel toca tambores batá desde su adolescencia y era un jugador de baloncesto fuera de liga (no lo digo porque sea mi hermano). Recuerdo que varias veces los vecinos llamaban a la policía porque hubo una época en que para el ideal socialista del gobierno era incompatible todo lo relacionado con cualquier clase de mitos o religiones. Y como sabemos, la cultura afrocubana aunque es conocida por su expresión popular tiene sus antecedentes en rituales africanos. Hace pocos años atrás, mi hermano recibió el premio National Heritage Fellowship, que otorga el National Endowment for the Arts, por su trabajo artesanal.

Él es mayor que yo, así que si tienes hermanos mayores ya debes imaginarte. Eso sí, conoce muy bien su arte y ha estudiado mucho, por lo que siempre está lleno de ideas, y las aporta a cualquier proyecto en el que participe. Una amiga me dijo hace poco que él era como una enciclopedia ambulante de cultura afrocubana.

En realidad, mi familia es multifacética. Mis padres siempre cantaban y bailaban. A mi casa iban muchos músicos importantes como José Antonio Méndez que era muy amigo de mi familia. También mi mamá me decía que el grupo Loquibambia ensayaba en la casa antes de yo nacer. Más tarde mi hermana Naty (quien por cierto trabajó en Radio Televisión Martí) y que también cantaba (ganó un concurso de aficionados en la universidad), devino la intelectual de la familia. Así que, durante mi niñez vi desfilar a pintores, músicos, poetas y académicos pertenecientes al círculo de sus notables amigos. La música siempre fue una parte importante de nuestro hogar.

Has encabezado muchos proyectos: festivales, lecturas, espectáculos para destacar tu arte. Mencióname algunos de ellos. ¿Cómo han sido? ¿Quiénes son tus admiradores? Háblame de ser nombrada Mujer del año por la revista Glamour en español

¡Ay, dios! Ahora tengo que buscar mi currículo para responderte. He dado conferencias, clases y demostraciones para la Universidad de Oklahoma, la Universidad of Miami, el Miami Dade College, el Congreso de Danza Cubana de Munich, en Alemania, el Día de la Emancipación en Trinidad-Tobago, y para la compañía de Cleo Parker Robinson en Denver, Colorado, entre los que recuerdo. Como coreógrafa entre los trabajos más importantes está el que realicé para Gloria Estefan, en la película The Lost City, dirigida por el talentoso actor Andy García, y la producción para el casino Cristal en Aruba. Todas han sido experiencias extraordinarias en mi carrera de las que estoy muy orgullosa.

Pero uno de los proyectos que me tocó muy de cerca emocionalmente fue trabajar con jóvenes madres adolescentes, algo que reafirmó mi pasión por la danza como medio para mejorar la calidad de vida dentro de nuestras comunidades. Y claro, también está nuestro festival anual de danza afrocubana, que se celebra cada verano desde 1998, y que reúne a participantes de todo el mundo. Pero por lo que puedo apreciar, para la edición del 2020 vamos a tener una pausa a consecuencia del coronavirus.

Bueno, no los llamo precisamente admiradores sino seguidores de IFE-ILE. La gran mayoría son cubanos, pero también personas de todo EEUU e incluso de Europa que siguen nuestros eventos a través de las redes sociales.

¡Imagínate! Ser nombrada Mujer del año por la revista Glamour fue un tremendo honor que compartí con otras 10 mujeres maravillosas. De ahí salió un documental dirigido por la carismática y talentosa directora Amy Serrano, en el que discutimos nuestra trayectoria profesional y nuestra historia. Fueron momentos inolvidables para mí.

Has colaborado con grandes estrellas como Andy García y Gloria Estefan. ¿Cómo fueron esas experiencias? ¿Qué aprendiste de ellas?

Trabajar con estos artistas fue una gran experiencia profesional única que me proporcionó visibilidad a mí y a mi compañía, por lo que siempre estaré agradecida de estas oportunidades. Aprendí mucho en ese tiempo sobre la producción de grandes espectáculos.

Ambos artistas son personas dedicadas y tenaces que han trabajado mucho para lograr su posición, por lo que son un ejemplo a seguir. Lo que más admiro de ellos es su humildad y que siempre están dispuestos a ayudar a la comunidad en momentos cruciales. Pero lo que más admiro sobre todo es que no olvidan su origen cubano.

¿Piensas que tu arte es popular aquí en Miami debido a la gran población cubana, o también tiene raíces en otros rincones del mundo? ¿Qué papel juega la ciudad de Miami en tu éxito?

Sí, la presencia cubana ha sido un factor muy importante para el éxito de mi trabajo, pero creo que también lo ha sido el resultado de la perseverancia y la disciplina que me inculcaron mis padres. Lleva mucho esfuerzo y sacrificio ya no sólo establecer un nombre en cualquier rama del arte sino mantenerlo. En otras partes del mundo he podido encontrarme con algunos bailarines de mi generación. Mientras algunos no han podido lograr visibilidad, otros como yo han llegado a crear su espacio de expresión.

Como te decía anteriormente, si Cuba es mi madre, Miami ha sido mi madrina. A esta ciudad le debo mucho porque desde que me recibió por medio del apoyo de la Fundación Nacional Cubano Americana, que dirigía Jorge Mas Canosa, campeón de los cubanos en exilio, pude construir lo que siempre pensé que eran sueños irrealizables cuando me encontraba en Cuba. Logré abrir mi propia compañía de danza, no he parado de viajar, he trabajado en todo tipo de escenarios con artistas de renombre y he podido llevarle mi arte a todo tipo de público. Como ves, Miami es ya parte integral de mis memorias.

¿Te sientes realizada?

¡Pues claro que sí! Cuando miro para atrás siempre me digo: que me quiten lo bailado. Aunque soy muy exigente conmigo misma y a veces me cuestiono lo que pude haber hecho mejor. Pero en general, creo que no está mal para una emigrante. Recientemente acabo de editar un libro sobre danza, pero estoy enfrascada en terminar lo que sería mi disertación para alcanzar el doctorado. Creo que cuando termine ese proyecto, entonces estaré realmente en estado de inmensa realización.

Y si es que tienes, ¿qué haces en tu tiempo libre?

Bueno, tú lo has dicho, generalmente mi agenda está apretada. Siempre estoy llena de actividades. Mi propia mamá me decía en tono de burla que mi nombre era: Neri-me-tengo-que-ir. ¡Ya tú sabes! Pero saco tiempo para ir a ver películas o verlas en casa como ahora en esta situación incierta. Crecí viendo buen cine (desde el cine mudo a Kurosawa, Fellini, Saura, Bergman…) y ya sabes que también estudié esa disciplina. También me gusta leer ficción, jugar deportes virtuales con mis numerosos sobrinos en el Nintendo Wii (nos gusta la competencia), ir a la playa y, cuando salgo de viaje, disfrutar de algún espectáculo de Broadway. Ah, y no tengo que decirte: ¡bailar!



MÁS INFORMACIÓN

SiteLock
Facebook