Andrés Pruna expone en Miami “De rerum natura”


La obra teatral de inmersión “Amparo”, que se estrena este viernes en Miami, somete de nuevo al exilio cubano al dolor de haberlo perdido todo en la isla, pero con un propósito “mayor de sanación” y de exponer “la verdad” que ha sido “borrada”, explicaron a Efe sus creadoras.

La pieza relata el “robo” de la empresa cubana Havana Club de la familia Arechabala tras la llegada al poder de Fidel Castro en 1959 a través de una experiencia en la que la audiencia puede saborear el ron, bailar en el entonces selecto Club Naútico, oler la melaza y hasta aguantar los gritos de los soldados de la revolución cuando se disponen a expropiar los bienes.

Se trata de “una mezcla muy fuerte” para los cubanos y otros exiliados en Miami, reconocen a Efe la libretista, Vanessa García, y la directora, Victoria Collado.

“Para nosotros es muy importante que esto sea un proceso de sanación para la comunidad cubana, para el exilio y para cualquiera que ha estado en búsqueda de refugio, de amparo”, manifestó la autora de la obra.

Explicó que los isleños todavía tienen muchos “traumas” que han pasado de una generación a otra y que esas emociones han sido evidentes durante las funciones previas al estreno de la obra, que recoge los relatos de Amparo Arichabala, quien aún vive y enfrentó con su esposo, Ramón, la expropiación de Havana Club.

“El dolor que estamos pidiendo cuando llegan a la obra es muy grande, pero es para algo más grande, es sanación”, subrayó la libretista sobre esta producción de The Broadway Factor que permite a una veintena de actores interactuar con 75 espectadores en cada función.

Collado agregó que “la única forma que se puede sanar y abrir las llagas del pasado es hablar del problema”, al señalar que muchos de los cubanos llegaron a EE.UU. para olvidarlo todo.

Tanto García, de 40 años, como Collado, de 29, coinciden además en la idea de “destapar” una historia “borrada” para nuevas generaciones de cubanos.

La primera reconoció que pese a un doctorado que hizo basado en Cuba, desconocía la historia de los Arechabala, creadores del ron Havana Club en 1935 y cuya receta y derechos transfirieron tras la confiscación a otra familia cubana, los Bacardí, que lo producen en Puerto Rico.

“Ha hecho un muy buen trabajo el gobierno cubano en contar una parte de la historia, la que borra a los Arechabala y siento una responsabilidad profunda contar esa historia a la gente no la conoce”, expresó García.

Ambas creadoras se mostraron complacidas de poder “exponer la historia con todas las verdades” para que los cubanos y demás espectadores “saquen sus propias conclusiones”.

En ese sentido, rehusaron hablar sobre la actual posibilidad de presentar demandas en Estados Unidos por bienes expropiados en Cuba, que depende de la habilitación del Título III de la Ley Helms Burton de 1996, que actualmente y, por primera vez, está siendo explorada por el gobierno de Donald Trump.

“Dar nuestra opinión puede hasta causar más problema. Lo más importante es exponer todos los lados y dejar que la gente pueda hacer sus opiniones basada de eso”, manifestó Collado.

El fin, enfatizó, es que conozcan “el pasado de todas esas compañías, pero que también se eduquen del futuro de Cuba”.

Hay entre 200.000 y 300.000 quejas de cubano-estadounidenses que alegan propiedad de bienes y empresas confiscadas como los terrenos
del aeropuerto internacional Jose Martí de La Habana, cultivos azucareros y aseguradoras, entre muchos otros, según el abogado Nicolás Gutiérrez, presidente de la Asociación Nacional de Hacendados de Cuba en Miami.

“La historia habla por sí misma, y creo que el arte es muy poderoso”, indicó García, que como la directora de la obra y los 23 actores, 4 músicos y 2 bailarines que conforman el elenco, son cubanos o de origen cubano.
Collado precisó que esta obra está además dirigida a todas las generaciones de cubanos para unirlas.

“A la generación mayor que vivió todo eso y que sienten que no los están escuchando y para la generación nueva, que sientan de verdad qué fue lo que pasaron nuestros padres, nuestro abuelos, es conectar a las generaciones, que no se dividan”.

García además enfatizó que es una historia “universal” que “se extiende a “todo el mundo que ha perdido su patria, su casa, su manera de vivir por muchos años, los venezolanos…”.

“Estamos viviendo en un siglo en el que los refugiados están por
todas partes”, lamentó.

[Con reporte e informaciones de la Agencia EFE]



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