Actor y humorista cubano triunfa con negocio en Miami


Gilberto Reyes y Carmen Franchi de Alfaro eran una pareja improbable. Aunque nacieron en la misma isla, Cuba, a lo mejor nunca se hubieran encontrado.

El es de Camagüey, estudió actuación en La Habana, llegó a Miami de adulto, en los años 1990, y popularizó un estilo de humor como parte del dúo Los Fonomemecos. Ella llegó en 1966, cuando era una niña. Se crió en Nueva York, se convirtió en productora y alcanzó puestos ejecutivos, como la vicepresidencia de programación de Mega TV.

“Yo nunca creí en algo predestinado hasta que la conocí a ella”, reconoce Reyes en una entrevista con el Nuevo Herald en la tienda de objetos vintage que ambos han creado porque comparten una pasión: darle vida a lo viejo, una segunda oportunidad, como anuncia el nombre del negocio, Twice Vintage.

A cada uno por su lado los amigos les decían: “¿Qué haces con Gilberto? ¿Qué haces con Carmen Franchi?”. Por algún motivo la gente no los imaginaba juntos, pero ellos no compartían esa duda.

Franchi vio a Reyes en el teatro, trabajando junto a Lili Rentería en la obra Palabras encadenadas, y se quedó maravillada con su “talento y profesionalismo”, cuenta ella.

Al verlos en el entorno de Twice, con un fondo musical de jazz y entre objetos antiguos, es fácil entender por qué tenían que encontrarse.

Una tabla de planchar que tiene más de 100 años, que decoraron con imágenes de anuncios al estilo Alphonse Mucha, y un baúl que estuvo en Ellis Island, y que de seguro trajo a Nueva York las pocas pertenencias de un inmigrante, invitan a imaginar las afinidades.

Franchi y Reyes pasan horas en el garaje de su casa arreglando los tesoros que la gente les deja en consignación en la tienda o los que compran en los viajes al norte de la Florida a pueblos con historia como Mount Dora o DeLand, ricos en muebles y piezas vintage.

Una máquina de coser Singer, de las de pedal, es otro de los objetos que dan fe de las diferentes capas de historia que conviven en la tienda.

Este negocio es más arte que negocio, requiere mucha paciencia. Hay que lijar y pintar la madera, hacer decoupage, apunta la pareja.

Sigue sonando el jazz y Reyes cuenta cómo aprendió a coser en Camagüey, en un máquina como esa. Su abuela lo enseñó para que él mismo pudiera arreglarse los pantalones y vestir a la moda en medio de la escasez de Cuba.

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Carmen Frachi muestra una máquina de coser Singer, uno de los objetos vintage que tienen en su tienda Twice Vintage, en Sunset Place.

Maria Alejandra Cardona El Nuevo Herald

Franchi cuenta que en los años 1970 en Nueva York también se arreglaba la ropa. No porque no tuvieran qué ponerse, sino porque la creatividad era distintiva.

Como los objetos que allí se venden, Twice Vintage tiene una vida pasada. Reyes y Franchi abrieron la tienda primero en un pequeño local en la avenida 57 cerca de la calle 40 del suroeste. Cuando el negocio creció, se mudaron a un local más grande, al lado del restaurante Delicias de España. La pareja se casó el mismo día de la inauguración de la tienda, el 12 de diciembre del 2012, a las 12 del día, frente a los invitados. No tenían dinero para dos fiestas, así que mataron dos pájaros de un tiro.

Cuando un incendio acabó con Delicias de España en octubre del año pasado, Twice también sufrió daños y tuvieron que mudarse. Así llegaron al espacio que ocupan hoy en la primera planta del centro comercial de Sunset Place, en la suite 174.

El ‘Mikimbín power’

Cuando Reyes integraba Los Fonomemecos, junto a Miguel “El Flaco” González, pusieron de moda la palabra “mikimbín”, una suerte de comodín que puede significar muchas cosas, desde que algo está buenísimo hasta que es una metedura de pata total.

Hoy, más de una década después del éxito de su programa de radio y televisión, El Mikimbín de Miami, la gente sigue identificando a Reyes con la frase.

Así se produce lo que Franchi llama el “Mikimbín power”. Reyes llega a un lugar, a veces buscando materiales para la transformación de los muebles que compran, y de la nada aparece un pedazo de mármol extraordinario. Una persona reconoce a Reyes y quiere agradecerle por los buenos ratos que le hicieron pasar Los Fonomemecos. Se esmera y le busca lo mejor que tiene en su negocio y se lo ofrece a la pareja.

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Carmen Franchie , sentada, Gilberto Reyes y la hija de Carmen, Mónica González, que se ocupa del mercadeo y las redes sociales del negocio, en su tienda Twice Vintage, en Sunset Place.

Maria Alejandra Cardona Especial para el Nuevo Herald

“Es una cosa que inventó Carmen y que me parece muy bien”, dice Reyes sobre el “Mikimbín power”.

“Yo lo tengo muy seguro, no haría otra vez ese programa. Sigo prefiriendo tener mi ‘Mikimbín power’, eso que dice la gente: ‘Gilberto, yo me sentía tan bien viendo el programa, para mí era algo maravilloso’, a que vayan a decir otra cosa”, apunta el actor.

Para Gilberto la tienda también es una manera de disfrutar libertad como artista, de elegir los proyectos que le interesan. Actualmente tiene un programa en Radio Martí, El revoltillo, y contribuye con la serie Leyendas del exilio, que dirige Lilo Vilaplana.

Algunas escenas se han grabado en la tienda, cuenta Reyes. De esta salen además muchos objetos que terminan en las habitaciones de viejos hoteles que se restauran, como el antiguo Miami River Inn, hoy el Roam Miami.

Franchi y Reyes también han puesto su sello en su casa. Cuando la compraron era una ruina que no tenía paredes, y al reconstruirla y decorarla, decidieron seguir el estilo vintage que le gusta. Ahora la cocina no tiene gabinetes, sino muebles antiguos, y en el baño, en vez de un lavamanos tradicional, tienen un pedazo de mármol sobre la base de una máquina de coser.

“No hay una vez que yo tenga una idea que Gilberto piense: eso es ridículo”, comenta Franchi. “Algunas veces acepto algo que me vienen a vender, le mando una foto a Gilberto y me dice: ‘¿Estás loca?’ Pero yo sé que él se va a fascinar cuando vea la pieza y le tenga que poner esto aquí, y arreglarla”.

“Es facil”, bromea Reyes, “ella necesita supervisión adulta, pero yo soy mal supervisor”.

En fin, es el perfecto equilibrio, el poder no lo tiene uno ni otro, sino el Mikimbín.



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