Abraham Sequeda: Libre Comercio y La Industria de Cosméticos Venezolana



Una de las acciones perversas de los gobiernos que se declaran socialistas, comunistas, marxistas, es que en nombre de la igualdad y la justicia social, trabajan incansablemente debido a su ignorancia o mala intención, para la eliminación de las libertades individuales, dentro de ellas y muy particularmente las libertades económicas. Evidencias sobran, en donde al final de todo, terminan por eliminar a su población “sobrante”, como ocurrió por ejemplo en la República Popular China.

En el año 2006 el presidente venezolano de aquel entonces Hugo Chávez, retiró al país de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), según su criterio, por los daños que causarían los tratados de libre comercio (TLC) firmados por Colombia y Perú con los Estados Unidos, lo que se reconoció por el gobierno venezolano como “un golpe a la integración”. Esto como era de esperarse, comenzó a erosionar las relaciones políticas y aún más las económicas, entre estos países. La CAN es un bloque de integración regional, conformado por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y hasta ese momento Venezuela. Esta era la justificación más visible; aunque existía otra menos evidente o publicitada, al menos sus verdaderas razones; fue la creencia de los dirigentes y funcionarios de gobierno de Venezuela, que ingresando al Mercado Común del Sur (MERCOSUR) el trabajo de integración política y económica estaba hecho.

Esta situación fue muy poco discutida por todos los ciudadanos venezolanos en ese momento, no hubo organización alguna que se opusiera inicialmente o que demandara esa decisión y mucho menos existía la conciencia de conocer las consecuencias a todo nivel que esto traería. Esto por cierto, es una de las cualidades que debemos eliminar de la actitud del ciudadano venezolano, que no es más que darle poca importancia al discernimiento, desinterés por la acción política, su escaza participación en las actividades públicas y un desdén por motivarse al logro de metas nacionales, con deficiencia importante en la participación activa basada en la preparación y discusión seria de los asuntos nacionales.

Tomando en cuenta lo anterior y con la creencia de que los gobiernos de Brasil y Argentina apoyarían el ingreso de Venezuela al Mercosur, Venezuela hizo efectiva su salida de la CAN. Para algunos esta actitud además, menospreciaba las características cualitativas y cuantitativas del mercado de la CAN: el cual rondaba los 9.500 millones de dólares; a cambio de participar en Mercosur que daba la percepción de supremacía por su mayor tamaño en lo que se refería a su intercambio comercial. Justo en ese momento Venezuela aunque si tenía una posición económica fuerte en cuanto a recursos económicos, producto de la venta de petróleo; la falta de tecnología, de políticas económicas coherentes, una corrupción que llegaría a niveles monstruosos (al calcularse un robo a la nación de entre 400.000 y 500. 000 MM $ desde el 2002 al 2016), la presencia de monopolios, carteles nuevos y tradicionales, además de  la manía perversa de distribuir y redistribuir la riqueza, Venezuela definitivamente no estaba preparada para el ingreso a un bloque económico como el Mercosur; así ocurrió y como era de esperarse todo resultó en un fracaso.

Sin embargo hasta ese momento, este fracaso no se había cuantificado y aún más, la salida de Venezuela de la CAN, era considerada una decisión política cuyos efectos sobre la economía del país, ni en ese presente o a futuro fueron observadas. En materia de producción de cosméticos en el país, el efecto de tal decisión política tuvo su alcance hasta el año 2018 cuando a través de una providencia administrativa emitida por el Sistema Autónomo de Contraloría Sanitaria N°230-2018 (ente adscrito al Ministerio de Salud), se establecieron las “Normas para el Registro Sanitario de los Productos Cosméticos Nacionales e Importados” y como todas las actividades torpes y poco planificadas que han venido ocurriendo en Venezuela, es que en vez de avanzar hacia el libre desarrollo tecnológico, científico, económico, humano e institucional, se emiten normas y resoluciones las cuales retrotraen a la legislación a condiciones de 40 o 50 años atrás. Y no es porque sean sólo extemporáneas, sino que tanto como en el 2006, hoy en día no existen ni las oportunidades ni las condiciones para darle viabilidad a estos papeles. En cuanto a la armonización, para el comercio de productos cosméticos entre los países miembros del bloque de integración citado (CAN), las normas están dirigidas por los siguientes principios básicos: una plataforma para garantizar un comercio justo y transparente,  libre circulación de los productos con la salvaguarda para la salud pública, Notificación Sanitaria Obligatoria y su reconocimiento; como mecanismo de acceso al mercado, en lugar de Registro Sanitario, la aplicación de controles posteriores para garantizar la calidad de los productos y la simplificación de procedimientos administrativos para facilitar el libre comercio de los productos entre los Países Miembros de la Comunidad Andina de Naciones.

La norma contenida en la providencia administrativa emitida por el Sistema Autónomo de Contraloría Sanitaria N°230-2018, del 9 de Julio de 2018, es la que da por cerrada los procedimientos y la decisión política del 2006 sobre la CAN, en materia de armonización sobre el comercio de productos cosméticos entre los miembros del bloque. En esta norma sólo se describen procesos administrativos, los cuales son requisitos muy elementales. Se obvian las fuentes, textos y recomendaciones de instituciones reconocidos nivel mundial en materia de cosméticos, además de adolecer de requisitos técnicos, que se prestan para múltiples y malas interpretaciones, errores y procesos burocráticos que se transforman en fuentes de corrupción.

Salir de la CAN en materia de armonización de los productos cosméticos, también resultó de la creencia falsa, que hacer negocios con países que han firmado acuerdos de TLC, afectaría directamente a Venezuela. En este sentido, si establecemos escenarios denominados “peor de los casos”, este sería que Venezuela con esa decisión, no podría ingresar sus productos a los países andinos con preferencias arancelarios, entre otros beneficios; sino que además la expansión de empresas grandes a lo que sería un mercado cercano y más fácil de llegar, estaría ya limitado, lo que traería como consecuencia que los pequeños productores, los cuales los jerarcas socialistas dicen defender, tendrían que competir con aquellos grandes, cuya expansión, más allá del mercado interno venezolano, fue terminado, por decisiones ineptas, viscerales, producto de análisis coyunturales y poco solidarios, como el salir de la CAN.

Las consecuencias operativas entre otras, es que resulta imperativo cumplir con la presente norma, por parte de los laboratorios productores de cosméticos, retornando a la figura de Registro Sanitario y abandonando la Notificación Sanitaria Obligatoria (NSO); aún más, hacer nuevos registro a todos los productos que estaban en el mercado, que se habían registrado con fecha anterior a dicha norma. A esto se incluye los nuevos costos en papelería y horas hombre, pues los procesos automatizados y digitalización de documentos para los trámites fueron eliminados con esta norma.

En resumen, el saldo negativo en burocracia, tiempo, mercado, expansión de empresas grandes productoras de cosméticos y la posibilidad de ubicar sus productos en Venezuela de las empresas medianas y pequeñas, está costando mucho; esperemos que con el trabajo duro de todos, nuestro país consiga el camino a la libertad.



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