“Vizcarra tendrá que hacerse cargo de la herencia negra de corrupción”


Luis Pásara vive fuera del Perú hace muchos años pero mantiene un vínculo permanente con el país, a través de sus clases y sus libros. Reflexiona sobre los últimos y dramáticos sucesos que llevaron a la emergencia del nuevo gobierno de Martín Vizcarra. Advierte que “el estado de gracia” que vive hoy el Ejecutivo terminará una vez que se deba empezar a tomar decisiones concretas sobre asuntos controvertidos. Ahí Vizcarra “dejará de estar bien con todos”, adelanta.

¿Cuáles son las primeras ideas que se le vienen a la mente, luego de estos complicados meses en el Perú?

Que el de Martín Vizcarra es el primer gobierno que surge, en América Latina, como resultado de la gigantesca ola de corrupción de Odebrecht. Al mismo tiempo, el año y medio de gobierno de Pedro Pablo Kuczynski nos deja un contenedor enorme de corrupción generalizada y de mentiras de los principales actores políticos para esconder esa corrupción. Y pese a que el destape no ha terminado, la decepción democrática…

¿Anda peor que nunca?

No sé si está peor que nunca. Quizás decir eso sea un poco exagerado.

Pero sí en un nivel bastante alto.

Bastante alto. La decepción es acumulativa. Es decir, no se produce ante un hecho determinado. Imagínese a un ciudadano de 40 años que ha visto mucho de un país en donde los presidentes que no están presos, deberían estarlo. Entonces, no se puede ignorar que lo de Kuczynski se suma a una gran lista.

¿A la gran lista de decepciones?

Cuando volvimos a la democracia, en los ochentas, al principio se hacían apuestas de que se podía conseguir resultados. El primer Alan García fue eso, alguien que conquistó la esperanza. Pero esa esperanza se ha ido achicando, porque la política peruana es una vergüenza, cada vez peor.

¿Qué efectos cree que produzca esta crisis política?

Siendo el primer país latinoamericano en desconfianza, estos meses nos han llevado aún más allá. Esto ha sido un daño gravísimo que se traducirá en un mayor grado de descomposición social, iniciado hace mucho y cuyos resultados vemos hoy en la delincuencia y, de manera dramática, en las formas de violencia contra la mujer.

¿Y en términos de liderazgo político? Quiero decir, con tantas y persistentes desilusiones, cuesta creer que alguien pueda generar entre la gente algún entusiasmo democrático auténtico. ¿Los ciudadanos peruanos podrán confiar de nuevo en alguien para que intente mejorar todo esto? Votamos por obligación.

Le apuesto que si el voto no fuera obligatorio, no votaría casi nadie. Claro, quizás aparezca por ahí un nuevo líder que se vea a sí mismo o se presente como el salvador y entusiasme a la gente más joven, pero la verdad no veo una salida exitosa. Es que, básicamente, el problema del país es la falta de dirigencia en general, no solo en la política. No tenemos una capa dirigente, ¿no? Uno mira a las instituciones y se encuentra con personajes que les queda grande la responsabilidad.

Martín Vizcarra tiene la oportunidad, casi caída del cielo, de intentar cambiar el pésimo récord de esa clase dirigente. ¿Cree que lo consiga?

Hay que decir, primero, que Kuczynski saliera del cargo es positivo: algo de higiene parece posible todavía. Vizcarra es un presidente accidental que tendrá que hacerse cargo de una herencia negra: corrupción y mentiras, que hace que hoy todos los dirigentes políticos estén bajo sospecha ciudadana.

¿No cree que Vizcarra, quien fue llevado en la plancha presidencial por Kuczynski, hizo muy poco por evitar la caída de este?

No lo sé, pero creo que eso no importa. Él fue elegido como vicepresidente y le tocaba reemplazar al presidente. Y la legitimidad que logre alcanzar será a partir de lo que haga.

Es muy pronto para calificar a un gobierno que lleva semanas. Sin embargo, algunas señales ya se pueden percibir. ¿Qué piensa del gabinete de ministros, por ejemplo?

Aunque no puede evaluarse una gestión que acaba de comenzar, en la integración del gabinete hay malas señales. Villanueva es designado primer ministro después de haberlo negado, no sé si tres veces pero sí más de una, y públicamente. De otro lado, Salvador Heresi es nombrado ministro de Justicia siendo pública y notoria su vinculación con una red de corrupción en el Callao, algunos de cuyos miembros ya han sido condenados. No son buenos signos.

Yo lo que extraño es una ruta. Entiendo que este es un gobierno que debió asumir casi de emergencia, aunque eso no quita que hasta ahora no sepamos hacia dónde vamos. Y dudo que eso se conozca, pronto al menos. No sé si estoy pecando de escéptico.

No sé si de escepticismo, pero sí está pecando de ambicioso, porque una visión de país es lo que falta en los sectores políticos peruanos, desde hace mucho. Quizás el último que la tuvo, aunque no la comparto, fue Alberto Fujimori.

Una visión profundamente autoritaria, pero una visión de país al menos.

Claro, claro. Algunas ideas las tenía claras. Y después de eso no ha venido nadie.

¿Ve cercano al gobierno con el fujimorismo?

Vizcarra ha empezado su gobierno sobre la base de un pacto con el sector político de Keiko Fujimori, lo que en sí no es criticable: él no puede intentar una confrontación a medias con el Congreso, que a Kuczynski no le resultó. Kuczynski tuvo el desatino de insinuar en una entrevista con El País que el bosque fujimorista se podía ir desgranando hasta perder la mayoría absoluta…

Al final fue así.

Claro, pero fue una torpeza decirlo. Finalmente, acabó con esa mayoría absoluta fujimorista, pero el Congreso acabó con él. Por eso Vizcarra plantea la necesidad de entenderse con el Parlamento, lo cual es razonable.

La pregunta es el precio de ese entendimiento.

Así es, lo que no se sabe es el precio a pagar. Ese sector (fujimorista), todavía importante, está muy manchado, no solo por la sospecha sino por cargos. Ahí hay gente con procesos y condenas, con rasgos variables de corrupción, que van desde cambiar notas escolares hasta recibir millones para campañas. No olvidemos que Keiko aparece también en las “delaciones premiadas” de los funcionarios de Odebrecht. No sabemos de qué manera el pacto afectará la limpieza de la escena pública que es indispensable si esperamos que la democracia todavía pueda reivindicarse.

¿A qué se refiere?

No sé si a Vizcarra se le ha pedido algún tipo de “ayuda” o se la va a pedir para resolver este tema.

Cuando se presentó el premier César Villanueva en el Pleno, llamaron la atención las intervenciones de algunos fujimoristas. Héctor Becerril parecía oficialista.

Demasiado entusiasta, y uno se pregunta por qué. Claro, uno entendería del sector keikista que dé una tregua a Vizcarra; lo que no se entiende es que se conviertan en entusiastas de Vizcarra. Eso me parece sospechoso.

El Gobierno no tiene oposición en el Congreso. Al menos eso parece hasta el momento. Esta podría venir, no obstante, de la calle. Vizcarra va a gobernar más tiempo que Kuczynski, más del doble de tiempo, y se le van a exigir resultados pronto. ¿Podrá sortear la presión?

Vizcarra aún está en estado de gracia, con una aprobación ligeramente mayoritaria, según indican las encuestas. Sobre su pregunta, vamos a ver cuál es la competencia que logre demostrar el Gobierno. Yo creo que el problema fundamental viene de una conflictividad social muy grande. Tome usted cualquier ámbito, en donde hay conflictos importantes y verá que no son fáciles de resolver. Por ejemplo, las mineras, el medio ambiente y las protestas campesinas.

Ahí se necesita de una política complicada de diseñar.

Y los gobiernos últimos han fracasado ruidosamente en este terreno, porque han producido muertes y no han satisfecho las demandas de los campesinos. Tomemos otro ejemplo, el de la enorme discusión en materia educativa, que es muy ideológica y levantada por los sectores más reaccionarios del país. Igual, es un problema y hay que adoptar una posición frente al tema. Entonces, yo no sé si este gobierno va a ser capaz de enfrentar esas grandes áreas de conflicto en las que, finalmente, hay que cortar el queso. Yo quisiera que lo haga con éxito, el Perú lo necesita.

El Gobierno está diciendo que ha heredado poco menos que un caos. Imagino que con eso pretende ganar un poco de tiempo.

Eso dura unos meses.

¿Hasta cuándo podría durar este estado de gracia que señala usted?

Concluirá cuando el gobierno defina sus políticas más allá de las generalidades dichas hasta ahora y con las cuales es difícil discrepar. Por ejemplo, la proclama hecha por el presidente el viernes en Ucayali: “Nuestra idea es gobernar haciendo lo correcto. La prioridad es tomar las decisiones correctas”. ¡Quién podría estar en desacuerdo! O el eslogan que usó el primer ministro Villanueva en su artículo de ayer en este diario –El Perú primero–, que parece más propio de un entrenador deportivo que de un gobernante.

Quiso ponerse a tono con el Mundial, quizás.

De acuerdo, ¿pero qué van a significar socialmente las medidas de austeridad y de recortes que ha anunciado el ministro de Economía? Cuando el Gobierno tome decisiones concretas en asuntos controvertidos y frente a conflictos sociales que están pendientes, Vizcarra dejará de “estar bien con todos”. Probablemente, eso ocurrirá tan pronto se nos haya pasado la resaca del Mundial de fútbol, es decir, dentro de tres meses.

“La buena voluntad necesita de un Estado”

¿Le sorprendió el desenlace del Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski? ¿O lo venía venir?

No, no. Honestamente, y algunos amigos pueden acreditar que esto es así, desde que Kuczynski fue a rezar con Keiko Fujimori a la casa del cardenal Cipriani y volaron al ex ministro Jaime Saavedra, la impresión que tuve es que la cosa venía muy mal. A Kuczynski le han sobrado manos, para decirlo con elegancia, pero le ha faltado criterio político para manejar los temas. No tenía ni idea de cómo se hacía política. Es más, creyó que no era necesaria.

Usted ha publicado dos libros en los que interactúa con diferentes personajes. Una vena optimista recorre esas conversaciones. ¿Mantiene ese optimismo luego de todo esto?

El optimismo finalmente no es mío, sino de algunos interlocutores. Mire, yo he descubierto en esos dos libros que hay gente que hace cosas importantes en el país, que si bien asume que el Perú no puede cambiar, sí ha afrontado la tarea de mejorar ciertas cosas. No todos los peruanos quieren irse del Perú, hay quienes, incluso, renuncian a mudarse a otro lado para trabajar. ¿Cómo no va a entusiasmar eso?

Aunque uno se pregunta si esas cruzadas individuales son suficientes, es claro que no.

Por cierto, ¿hasta dónde puede llegar eso? En un determinado momento se necesita de un nivel político que haga que se multipliquen todos estos esfuerzos. Si no, van a quedar como bolsones de buenos intentos.

Por supuesto, la buena voluntad necesita impulso para no quedarse solo en buena voluntad.

Exacto. Necesita un Estado de respaldo.

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