Carlos Alfonzo: el rincón de la eternidad


En 1990, la prestigiosa revista ARTnews incluye a Carlos Alfonzo como uno de los diez artistas a seguir en la década. Unos meses más tarde, el portentoso artista, cuyo vasto y personalísimo universo mítico deviene eco y exorcismo a un tiempo del atribulado mundo interior, fallece en Miami a causa de complicaciones asociadas al virus del Sida.

Carlos Alfonzo: Painting es el título de la muestra abierta ahora al público en la galería Fredric Snitzer y que se centra en los últimos años de creación del artista donde el diálogo con la muerte inminente deviene el tema central.

Carlos Alfonzo (La Habana, 1950) se gradúa de estudios en la Academia de San Alejandro en 1973 y posteriormente de Historia del Arte en La Universidad de La Habana, en 1977. Tres años más tarde, en 1980, y tras sufrir el doble estigma de ser homosexual y disidente en Cuba, Alfonzo abandona el país durante el éxodo de El Mariel.

Durante la primera mitad de la década de los años ochenta se perfila el universo definitivo del artista en el que la apropiación de signos afines de la cultura popular cubana devienen el abecedario personal ineludible para la comprensión de su obra. Aparecen así, cabezas, clavos, ojos, tijeras, lágrimas, lenguas atravesadas por dagas, orejas, cálices, formas geométricas y espirales que por momentos trasmutan en dianas atravesadas por aguzadas puntillas.

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“Untitled” (form the Pulpo Serires), 1990, óleo sobre lino, 84 x 84 pulgadas.

De profundo carácter autobiográfico, la obra de Carlos Alfonzo, es una suerte de martirologio visual que pone al desnudo los estigmas de la época encarnados en el propio artista. Ante la inminencia de la muerte, los exuberantes colores ceden paso a una paleta sobria, cuasi monocromática al tiempo que en medio de una iconografía más críptica aparecen nuevos signos: figuras arrodilladas en posición de plegaria secundadas por seres etéreos que rememoran el tema de La anunciación tan caro a la Historia del Arte y revisitado por artistas de la talla de Pablo Picasso en su Guernica o, en el caso específico de la historia del arte cubano, por Antonia Eiriz.

Si bien, desde el punto de vista temático la obra del artista emparenta con la tradición española, desde el punto de vista formal, su obra es un férreo exponente del neo-expresionismo y, con puntos esenciales de coincidencia con la figura de Francis Bacon.

Incluida en la presente muestra, Still-Life with AIDS Victim, 1990, contiene influencias del cubismo, el surrealismo en su vertiente biomorfa así como el expresionismo. El centro del cuadro, contenido en un ominoso recuadro negro que tajantemente recorta el mundo exterior de la tragedia personal plasmada, es ocupado por la cama de hospital que deviene suerte de jaula que atrapa y amordaza al retratado. En la esquina superior izquierda, a modo de epitafio, el ojo que es también clavo en cópula con la cruz invertida, completan el sentido de la pieza.

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“Home”, 1990, óleo sobre lino, 120 x 84 pulgadas.

La cabeza que tanto peso ha tenido en la trayectoria de Carlos Alfonzo, se convierte en un grito a lo Munch. La muestra incluye dos piezas bajo el mismo título: Screaming Head, 1990, que evidencian la agonía interna y extrema que agobia al artista. De simplicidad y elegancia escalofriantes, Screaming Head, noviembre 1990, logra en unos pocos trazos rotundos y sinuosos captar el torbellino de la angustia interior donde llanto y grito deviene unidad dialógica inseparable.

A excepción de Self-portrait in L.A., 1983, todas las obras incluidas en la muestra datan de 1990. En ese mismo año es publicado Habitual, visceral libro de artista narrado a partir de un poema de Alfonzo.

Esta última etapa de trabajo de Alfonzo ha trascendido como “Black painting” a partir de la denominación que de ellas hiciera el crítico Julio V. Black, quien escribiera el ensayo central a la exposición póstuma: Triumph of the Spirit: Carlos Alfonzo, A Survey, 1975-1991. La exposición realizada en 1998, fue primero exhibida en el Miami Art Museum (MAM) y luego en el Hirshhorn Museum, en Washington DC.

La magnitud y alcance de la obra de Carlos Alfonzo no ha sido estudiada a cabalidad. La visceral expresión de la angustia existencial que encarnan a un tiempo diáspora, estigma e incomprensión es, sin embargo, uno de los retratos más agudos de la existencia humana contemporánea.




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