Algunos estadounidenses prefieren bajar sus salarios para poder tener seguro de salud


El año pasado, Anne Cornwell consideró dos estrategias drásticas en su búsqueda para obtener primas de seguro de salud asequibles para ella y su esposo retirado.

Una fue el divorcio. Otra, tener un recorte salarial del 30%. Eligió la última. Esa maniobra permitió que las primas de la pareja de Chattanooga, Tennessee, pasaran de ser exorbitantes a muy económicas. En lugar de $2,100 al mes –la cifra que le habían cotizado para 2017– sus primas son de solo $87 mensuales. La pérdida de ingresos se compensó ampliamente con el beneficio de tener subsidios para pagar la cobertura de salud.

La solución de Cornwell, completamente legal, refleja cómo un número cada vez mayor de estadounidenses está utilizando estrategias no tradicionales para poder tener seguro de salud sin destruir la planificación financiera, adaptando dinero y salarios para tener mejores opciones, al igual que las personas invierten dinero en planes 401(k) para ahorrar para el retiro, mientras reducen sus impuestos.

Otros estadounidenses que ahora están comprando planes de salud para 2018 en el mercado individual, a través de los mercados en línea de la Ley de Cuidado de Salud Asequible (ACA) o fuera de ellos, están tomando medidas similares. Se prevén alzas de dos dígitos en los precios de las primas para muchos planes, una tendencia que se ha acelerado desde que el presidente Donald Trump anunció que su administración no pagaría algunos subsidios de ACA a las aseguradoras.

El período abierto de inscripción en los 39 estados que usan el mercado federal comenzó el 1 de noviembre y finaliza el 15 de diciembre para la cobertura que inicia el 1 de enero. Las fechas de inscripción varían en otros estados.

La gran mayoría de los afiliados a los planes del Obamacare no pagarán las primas más altas, ya que sus ingresos modestos los convierten en elegibles para otro tipo de subsidio pagado por el gobierno que mantendrá sus primas bajas o cercanas a cero.

Pero se espera que las personas de clase media alta como Cornwell y su esposo paguen el precio completo, sintiendo la fuerza contundente de lo que expertos y economistas de la salud definen como aumentos imposibles de solventar.

Algunas personas pueden calificar para los subsidios de ACA a través de medidas menos extremas que las tomadas por Cornwell, como transferir dinero a una cuenta 401(k), y reducir los ingresos sujetos a impuestos, dijo Frank Caccavale, contador de Staten Island, en Nueva York. Pero cuando eso no es suficiente, aconseja a los clientes que hagan lo que hizo Cornwell: “Esta es su única opción. Tienes que tener una reducción salarial”.

Cornwell tomó esa determinación por su cuenta después de un mes de estudiar detenidamente sus ingresos y gastos.

“Cuando vi lo que iba a ser la prima en 2017, tuve que sentarme. Me sorprendió”, dijo Cornwell sobre la cifra de $2,100 al mes, para un plan que ni siquiera cubre la atención hasta que cada uno de ellos haya gastado un deducible de $6,500. La pareja simplemente no podía pagarlo.

La mujer, de 62 años, ganaba $80,000 al año como gerenta de proyectos de una pequeña firma de consultoría que no ofrece seguro de salud. Su esposo, Donald Donart, de 63 años y sobreviviente de cáncer, recibe dinero del seguro social y una pequeña pensión, con lo que el ingreso familiar antes de los impuestos es de $92,000. Encontrar un seguro requería una acción radical.

Entre el 5% y el 7% de los estadounidenses con seguro, unas 17,6 millones de personas, lo compran en el mercado individual. De ellas, 7,5 millones, o casi la mitad, no reciben subsidios, según el consultor de la industria de seguros Robert Laszewski. Muchos en este último grupo son profesionales que trabajan para pequeñas empresas o cuentapropistas.

Cuando Cornwell vio que las primas para 2017 aumentarían en cientos de dólares al mes, el doble de lo que habían pagado en 2015, la pareja analizó con firmeza las opciones:

¿Deberían divorciarse y presentar impuestos por separado para que los ingresos más bajos de Donart lo volvieran elegible para un seguro más barato? Muy poco práctico por los requisitos legales de Tennessee, decidió Cornwell.

¿Deberían fundar un negocio que pagara a Cornwell un salario más bajo de lo que estaba ganando? Eso hubiera llevado demasiado tiempo.

Donart estaba listo para estar sin seguro por un año hasta que pudieran descubrir otra opción. Pero Cornwell se preocupó por su historial de cáncer y ambos tienen enfermedades crónicas.

Bajo el Obamacare, hay subsidios disponibles para personas cuyos ingresos anuales son del 100% a cerca del 400% del nivel federal de pobreza. Para 2017, eso fue de $16,020 a $64,080 para una familia de dos.

Fue entonces cuando Cornwell comenzó a pensar cómo reducir sus ingresos para calificar.

Después de cuatro hojas de cálculo, Cornwell le pidió a su jefe que redujera sus horas en un 30%, lo que bajó su salario en $24,000 al año. Así, se convirtió en una empleada de medio tiempo: $56,000 anuales. La pareja ahora califica para un subsidio de $27,000, que compensó los ingresos perdidos de Cornwell.

Su prima subsidiada era tan baja que se cambiaron a un mejor plan del nivel de plata, que tenía un deducible más bajo que el plan de bronce que habían dejado.

Katy Votava, presidenta de goodcare.com, una firma consultora que asesora a consumidores sobre los costos de la atención médica, sugiere que las personas utilicen un planificador financiero para impuestos y atención médica. “La ansiedad, la incertidumbre son tan altas que se interponen en el camino para que las personas tomen decisiones sólidas”, dijo.

En general, ella no recomienda el enfoque radical de reducir drásticamente los salarios, aunque eso puede funcionar en algunos casos. En su lugar, les dice a los clientes que contribuyan con la cantidad de dinero antes de impuestos que el IRS les permita, y que puedan pagar cada año, en cuentas de ahorros de salud y para el retiro con ventajas impositivas. Eso reduce los ingresos gravables, lo que determina si alguien califica para un subsidio y cuánto puede recibir.

En 2018, las personas pueden contribuir hasta $18,500 por año a una cuenta de retiro 401(k). Si son mayores de 50 años, pueden aportar $6,000 más, un total de $24,500 anuales. Las cuentas de ahorro de salud, que se pueden usar para pagar los gastos médicos y dentales elegibles, brindan una desgravación fiscal similar. Tampoco era una opción para Cornwell, cuyo pequeño empleador no ofrece ese tipo de beneficios.

Cornwell y su esposo estuvieron satisfechos con el plan subsidiado que tuvieron este año. Pero la mujer se siente profundamente frustrada por el sistema y las volteretas a las que tuvo que recurrir para que la atención de salud fuera financieramente viable. “Este es el momento de la vida en el que debería maximizar el ingreso y guardarlo, pero tuvimos que ir en la dirección opuesta”, dijo Cornwell.

Dijo que ella y su esposo están mirando hacia el futuro, hasta que cumplan 65 años y califiquen para el Medicare.

Tienen la intención de mantener el mismo plan de salud en 2018 y enfrentaron la inscripción abierta de este año con anticipación en lugar de temor. Su aseguradora les ha dicho que esperen primas mucho más altas. Pero, según la calculadora de cuidadodesalud.gov, también recibirán un subsidio mucho más alto. Eso reducirá su prima mensual a cero.




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